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Aprobación en Pleno de la D.P. de Málaga para erigir un Monumento en memoria de las Víctimas de la Caravana de la Muerte (Éxodo carretera Málaga-Almería, 1937) El martes 20 de Enero de 2004, después de 67 años, a raíz de una propuesta de Luis García Bravo, Secretario de FPM- Andalucía, se aprobó en el pleno de la Diputación de Málaga la moción que presentó el Foro por la Memoria pidiendo un monolito en recuerdo a las miles de víctimas bombardeadas por la aviación italo-alemana y desde el mar por los cruceros franquistas Baleares y Canarias, durante la evacuación por la Carretera de Málaga- Almería. De los grupos representados en el pleno de la Diputación, votaron a favor PSOE e IU y se abstuvieron PP, PA y Grupo Mixto.
Refugiados malagueños huyendo hacia Almería, en febrero de 1937, hostigados por los bombardeos aero-navales. Diario Sur 24/05/2004. La evacuación en masa de los malagueños republicanos en 1937 por el camino de Almería no va a caer en el olvido. Tanto la Diputación como las asociaciones para la Recuperación de la Memoria Histórica y el Centro Andaluz de la Fotografía están impulsando proyectos con este objetivo. El
presidente de la Diputación, Salvador Pendón, informó
de que el 7 de febrero del 2005 se inaugurará un monumento
que sirva de recuerdo perpetuo a este episodio. Se ubicará
presumiblemente en Torre del Mar, parada obligatoria de la escapada.
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Dedican
una calle en Málaga al Dr. Bethune
EFE. El cirujano canadiense Norman Bethune, autor de las fotos del éxodo de miles de malagueños a Almería durante la Guerra Civil, dará nombre a una calle del distrito Este de la capital, lugar por el que se produjo la huida. Bethune trabajó sin descanso durante el tiempo que estuvo en España, llegando a hacer hasta cuarenta operaciones diarias sin apenas medios.
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Exito del Seminario Guerra Civil y Represión en Jimena de la Frontera. 24 de julio de 2004 El Ayuntamiento de Jimena de la Frontera (Cádiz), en colaboración con el Foro por la Memoria de la provincia de Cádiz y las asociaciones "Papeles de Historia" de Ubrique y "Memoria Histórica Jerezana", organizó para el sábado 24 de julio de 2004 un Seminario titulado "Guerra Civil y Represión en Jimena de la Frontera. Por la recuperación de la memoria histórica", según se acordó en una comisión presidida por el concejal de Cultura del Ayuntamiento jimenato, Pascual Collado, y reunida en la Biblioteca Municipal de Ubrique el martes 22 de junio de 2004, con asistencia de representantes de las mencionadas asociaciones.
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El
objetivo de estas jornadas fue abrir el camino para la Con estas entrevistas orales, que se iniciaron ese mismo verano, se pretendió elaborar un censo de víctimas y, de acuerdo con lo establecido en el decreto de la Junta de Andalucía de 2 de diciembre de 2003 (publicado en el B.O.J.A. el 9/12/2003), proceder a la localización de fosas comunes y su excavación con criterios científicos, así como al reconocimiento institucional de las víctimas y su entierro digno.
A la reunión preparatoria de este seminario de Jimena, celebrada en Ubrique, asistieron, además del concejal de Cultura de Jimena, Pascual Collado, el técnico de Cultura del Ayuntamiento jimenato, Diego Jiménez; el representante provincial del Foro por la Memoria, Luis García Bravo; y los historiadores José Manuel Algarbani, de Algeciras; Antonio Morales y Fernando Sígler, de "Papeles de Historia" de Ubrique; Manuel Ramírez, de "Memoria Histórica Jerezana", y José Ignacio Gómez, de "Jerez Recuerda".
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El alcalde de Espera, Pedro Romero, y el representante provincial de Cádiz del Foro por la Memoria, Luis García, firmaron el jueves 17 de junio un convenio marco para promover, : La Recuperación de la Memoria Histórica, entendida por Recuperación de la Memoria Histórica la necesidad de constatación de los acontecimientos históricos acaecidos durante el periodo de la Guerra Civil y los años siguientes, encaminada fundamentalmente a establecer un marco adecuado para el reconocimiento publico y rehabilitación moral de las personas que fueron sus victimas, poniendo fin a un olvido injusto e interesado que se ha producido por medio de la distorsión de lo sucedido, por la negación de los hechos o sencillamente por haberlos ignorado intencionadamente En la misma reunión se acuerda, para promover la investigación histórica sobre los fusilamientos de la Guerra Civil en esta localidad. Este acuerdo parte de la necesidad de recuperar la memoria histórica de las víctimas republicanas de la contienda, para lo cual se prevé la realización de una labor de recogida de testimonios de descendientes de los fusilados, así como una tarea de localización de fosas comunes donde éstos fueron enterrados sin formación de causa, para solicitar su excavación con criterios científicos, con objeto de proporcionarles un entierro digno y un reconocimiento institucional, de acuerdo con lo establecido en el decreto de 2 de diciembre de 2003 de la Junta de Andalucía, publicado en el BOJA el 9 de diciembre. Pedro Romero y Luis García Bravo firmaron también un convenio específico en el que se prevé la celebración de unas jornadas históricas y culturale sobre este mismo asunto los días 13, 14 y 15 de agosto.
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Dichas
sesiones, que se celebrarán en el Salón de Usos Múltiples,
están organizadas por el Ayuntamiento de Espera, colaborando
el Foro por la Memoria, Memoria Histórica y Justicia y la Diputación
de Cádiz El
14 de agosto a las 19,30 el historiador Fernando Romero pronunciará
otra conferencia sobre los fusilamientos de la Guerra Civil en Espera.
Seguidamente, se proyectará el documental Memoria fértil,
que recoge testimonios de familiares de las víctimas republicanas
espereñas. La jornada concluirá con un nuevo recital de
poesía. Finalmente,
el 15 de agosto, a las 11,30 horas se iniciará una marcha hacia
el cementerio, donde a mediodía está prevista la inauguración
de un monumento en recuerdo de los fusilados de Espera, obra del imaginero
Ismael Rodríguez Viciana Buzón, de Bornos. En esta obra,
que representa a una mujer que muestra su dolor por la pérdida
injusta de seres queridos, un pergamino en piedra recogerá los
nombres de las víctimas de Espera. Para concretar el desarrollo de estas jornadas, se reunieron en el Ayuntamiento tras la firma de ambos convenios, el concejal de Cultura, José María Sánchez, el representante provincial del Foro por la Memoria, Luis García; el representante del Foro en la Sierra de Cádiz, Manuel Ramírez, y el historiador Fernando Sígler.
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"El crimen de la carretera Málaga-Almería" (Febrero 1937) según el Dr. Norman Bethune. Sala de Exposiciones Alameda - Abril 2004 Málaga Esta
exposición trató de reivindicar su recuerdo, y homenajear
tanto al doctor canadiense Norman Bethune como a todos aquell@s malagueñ@s
que sufrieron aquella descomunal masacre de febrero de 1937: La infamia
del bombardeo aeronaval que hostigó a los refugiad@s malagueñ@s
que intentaban evacuar hacia Almería por la carretera de la
costa. La muestra se dividió en tres partes, componiéndose de cincuenta y seis fotografías y otros tantos paneles explicativos: las quince primeras ofrecen una semblanza biográfica de la figura de Bethune; en otras quince se perfila la actividad que desarrolló durante su estancia en España como jefe del Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre (Canadian Blood Transfusion Service); las últimas veintiséis se dedican enteramente a la huida de los malagueños hacia Almería: éstas últimas son fotografías tomadas por uno de los miembros del equipo de Bethune, y se exponen por primera vez en España. ¿Podrán algún día tener libre acceso los investigadores a todos los archivos navales, así como los libros de bitácora de los buques que participaron en aquella masacre?
Testimonios de supervivientes: "La evacuación masiva de la población civil de Málaga comenzó el domingo día 7 (Febrero, 1937). Un contingente de 25.000 tropas alemanas, italianas y moras entraron en la ciudad el lunes día 8 por la mañana; tanques, submarinos, barcos de guerra, aviones, todos a la vez, para aplastar a las defensas de la ciudad mantenidas por un pequeño y heroico grupo de tropas españolas sin experiencia militar, tanques, ni aviones que los defendieran. Los así llamados "nacionalistas" entraron en lo que prácticamente era una ciudad desierta, del mismo modo que habían hecho en cada pueblo y ciudad asediada en España.Así que imagínense a 150.000 hombres, mujeres y niños disponiéndose a marcharse en búsqueda de seguridad hacia una ciudad situada o más de 100 millas a pie. Hay una única carretera que pueden tomar. No hay ninguna otra manera de escapar.
Esta carretera, limítrofe por un lado, con las altas montañas de Sierra Nevada, y por el otro, con el mar está construida sobre la ladera de unos acantilados y sube y baja a más de 500 pies por encima del nivel del mar. La ciudad que deben alcanzar es Almería, y está a más de doscientos kilómetros más allá. Un joven fuerte y sano puede caminar a pie unos 40 o 50 kilómetros diarios. El
viaje a que estas mujeres, ancianos y niños debían enfrentarse
les llevará a 5 días y 5 noches de camino, al menos.
No encontrarán alimentos en los pueblos, ni trenes, ni autobuses
para transportarlos. Ellos debían caminar y a medida que iban
andando se tambaleaban y tropezaban con los pies llenos de rajas y
de heridas de ir por el pedernal y el ardiente asfalto de la carretera,
los fascistas los bombardeaban desde el aire y les disparaban desde
los barcos de guerra...." Dr. Norman
Bethune (Gravenhurst, Canadá,1890-China,1939). Texto
original
Málaga, 1937, bajo los bombardeos "nacionales" "Lo mismo que pasó en la carreta de Málaga-Almería lo he visto luego, y lo sigo viendo, muchas veces en el cine y en la televisión. Creo que lo que hicieron en Málaga fue como un ensayo de lo que posteriormente sucedió en otras guerras. Pero la primera vez que se atacó y bombardeó así a la población civil fue a nosotros, en aquella carretera: ocuparon Málaga y prepararon una trampa criminal a la salida." Rosendo Fuentes Ayllón, 12 años en 1937 "Yo era apolítica, pero la mirada congelada de aquel niño, sepultado bajo los restos de un carro volcado en un bombardeo naval y aéreo de los fascistas cerca de Motril, durante nuestra huída desde Málaga a Almería junto con otros 150.000 civiles, significó mi compromiso definitivo con las armas..." Elizaveta Parshina, superviviente. (Oriol, 1913-Moscú 2002)
"Aquellos militares de carrera y tantas medallas se lucieron en Málaga. Lo que no fueron capaces de hacer en Africa, Puerto Rico, Cuba o Filipinas, lo hicieron con nosotros. Por fin "le ganaban" a alguien, se alzaron contra su gobierno y ametrallaron a su propio pueblo, en su propia tierra... qué infamia. Después supimos que fueron el ultramoderno crucero Canarias, que se estrenó con nosotros y ése que hundieron en el Cabo de Palos, su gemelo el Baleares, y otros más de la marina franquista e italiana, y los aviones de caza italianos y alemanes. Para ellos era como un juego, el tiro al plato contra gente que no podía defenderse. Disparaban contra las rocas, y comprendimo que lo hacían así para que estallasen y nos cayesen las piedras encima o que cortasen la carretera. No teníamos escapatoria, atrapados entre aquellas paredes de roca y los acantilados. Moríamos de hambre, sed agotamiento, ametrallados. Si hay un infierno, aquello era lo más parecido que uno pueda imaginar. Fue un milagro que consiguiésemos llegar a Almería, pero nunca he visto tanta muerte, tanta sangre, tanto desprecio por la vida humana. Qué forma tan estúpida de desperdiciar munición contra un objetivo no militar, pero bueno, Hitler les había dado crédito ilimitado a los fascistas españoles. Fue horrible, nunca lo olvidaré. Eran militares profesionales, de la Marina o la Aviación contra civiles, ancianos, niños, mujeres, sabían a dónde disparaban. Los poscos soldados que iban con nosotros iban en retirada, desarmados. Nos bombardeaban a mansalva. Veíamos sus caras, ellos sabían que eramos civiles indefensos, nos veían perfectamente. Estraban tan cerca, que cuando le acertaban a un burro o a un autobús, podíamos ver sus cara, les podíamos ver cómo saltaban en sus cubiertas, celebrándolo. Huíamos aterrados por esos discursos nocturnos por radio de un general fascista, debía ser un psicótico, ese asesino de Queipo de Llano, que decía que sus moros y legionarios violarían a nuestras madres y hermanas cuando llegasen a Málaga. Aquello fue una terrible matanza, un crimen de guerra que ha quedado impune, y fíjese que mucha democracia habrá ahora, pero me iré a la tumba sin ver justicia y reconocimiento de culpa sobre este asunto..." José Antonio Baena Torres. (12 años en 1937). "Salimos de Jimena, aterrorizados, con mis padres y cinco hermanos, camino de Málaga, pero al llegar nos quitaron el camión unos carabineros y nos enteramos de que los moros y legionarios ya estaban llegando a Málaga. Salimos hacia Almería, ibamos toda la familia junta, pero en aquel caos, hostigados por la artillería y los aviones que nos ametrallaban en vuelo rasante, me perdí entre la muchedumbre. Recuerdo que algunos de esos aviones tenían una cruz roja pintada en el fuselaje. Se acercaban, se acercaban y después nos disparaban. Dias y dias, andando, rodeados de muertos y restos humanos por todos lados, estaba muy agotada, sin comida, hasta que desfallecí y me caí al suelo, hecha una pelota...de repente, escuché ruido de caballos y pensé: "Ya están aquí, me matarán" resignada, me tapé los ojos con las manos, resignada a morir... Entonces escuché una voz muy amable "Pero chiquilla, qué haces ahí sola, ¿No ves que vienen pegando tiros? Venga, súbete y salgamos de aquí pitando que nos matan" Era un soldado de caballeria republicano rezagado y me sacó de allí. Más tarde, en 1939, en Alicante, antes de coger el barco Stanbrook para Argelia, me encontré de bruces al carabinero que nos quitó el camión y le canté las cuarenta" Ángeles Vázquez León, 14 años en 1936 "Nos tiraban bombas incendiarias desde los aviones, y aquellos barcos enormes de Franco no cesaban de dispararnos con sus cañones. Veíamos a los marineros perfectamente, como se movían por cubierta, los cañones como se movían y nos apuntaban antes de disparar, es algo que si no lo has vivido no lo puedes comprender, ...Si los barcos se hubiesen acercado un poco más hubiesen chocado con las rocas, para ellos era como un macabro juego de feria, nos mataban como si fuésemos chinches. Habían volado el puente que pasaba sobre el río Guadalfeo, después de Salobreña, poco antes de llegar a Motril, y una noche tuvimos que utilizar el paso por el lecho del río. Justo después de cruzarlo, sentimos como un terremoto y un ruido ensordecedor, cada vez más grande, terrible, sentimos mucho miedo, empezamos a escuchar gritos en la noche, aterradores, de niños, mujeres... habían abierto las compuertas de la presa y bajaba una riada enorme, que se llevó por delante a cientos de personas, que quedaron allí ahogadas o enterradas entre el barro y los cascotes. En el camino a Almería miles y miles de personas inocentes murieron miserablemente, sus huesos cubren todo el trayecto, bajo el asfalto de la nueva autovía..." Acracia León Cuenca, 13 años en 1936
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Supervivientes de la huída de Málaga a Almería 1936: Fernando Navarro, Acracia León y Ángeles Vázquez, durante un seminario de Memoria Histórica, en Jimena de la Frontera. (Foto: Txema Prada) "Yo tenía entonces 14 años, y de repente me ví envuelto en aquella riada de gente, bombardeada por los barcos franquistas, cada uno cargando con lo que podía y que iba abandonando por el camino. Una mujer de mi pueblo (Jimena de la Frontera, Cádiz), Milagros Díaz, me pidió que le cuidase a su hijo de dos meses un momento, pero se perdió entre aquella marea humana. me encontré, a mis 14 años cuidando de un bebé. No tenía experiencia en cuidar bebeés, y la madre no aparecía por ningún lado. Tuve que robar un mulo y le puse un capazo, y en el capazo acomodé a ese bebé tan pequeño que , claro, tenía hambre y que alimenté con leche de cabra. Así tres dias y tres noches, bajo las bombas, la metralla y las bombas incendiarias, el hambre la sed y el cansancio, y cuidando del pequeño, hasta que llegamos a Almería los dos de milagro y encontré a sus padres. Ese niño se llama Alberto León Diaz, el hijo de Sebastián y Milagros, y hoy en día vive allí en el Paseo, en Jimena de la Frontera." Fernando Navarro Ferrer, 14 años en 1936.
"La aviación nos bombardeó por la Cuesta de los Caracolillos. Había unos acantilados muy pronunciados y la gente o se iba para el monte o para la orilla. Mi familia se dispersó; yo estaba al lado de un malecón. Oíamos silbar las bombas muy cerca. Cuando dejaron de bombardear vi muertos por todas partes. Tratamos de reunirnos la familia, pero allí se perdió una hermana mía, la más pequeñita, que tenía ocho años; el resto nos fuimos reuniendo al rato de ir adelante, sin mi hermana. Pasada una hora iba con otra familia cogida de un carrito pequeño, y la vi yo... (en este momento el relator rompe a llorar)." Cristóbal Criado Moreno, superviviente: 16 años en 1937 "Al
llegar al Faro de Torrox empezaron los bombardeos desde los barcos franquistas...
Hirieron a mi tía y a su madre, que le atravesaron el pecho,
pero no murió; mi tía todavía tiene metralla. Todos
gritaban y trataban de encontrarse, pero dieron una voz de que los heridos
se fueran a un coche y, como mi tía y su madre estaban heridas,
las metieron en el coche. Y yo me quedé sola y me perdí..."
Ana Pérez Rey, superviviente:
9 años en 1937 "También
nos ametrallaron desde los aviones, que volaban a pocos metros del suelo.
Mis padres nos cubrían como podían con sus cuerpos...
Rosendo Fuentes, superviviente:
12 años en 1937 En
la recta de Adra, no se veía la carretera: era tanta la gente
que caminaba hacia Almería, que todo el camino era una mancha
de gente." José
Ginés, superviviente: 20 años en 1937 "Nunca he olvidado a aquella mujer que, herida por un obús, en medio de un charco de sangre, amamantaba y abrazaba a su hijo de dos meses... Los ochenta niños del Orfanato de Torremolinos esperábamos en la acera, cada uno con su ropa y alguna cosa más en un hatillo, a que llegaran unos autobuses del Socorro Rojo que iban a llevarnos. El gentío que pasaba era enorme. Llegaron los autobuses y toda la gente quería subir. En ese momento alguien dio la alarma y apareció un avión que, siguiendo la línea de la carretera, ametrallaba y bombardeaba a baja altura. Muchos salimos corriendo a refugiarnos en el campo; otros prefirieron quedarse en el autobús para asegurarse la plaza hasta Almería. Cuando se marchó después de hacer varias pasadas en las que arrojó bombas incendiarias, volvimos y encontramos nuestro equipaje y los autobuses ardiendo: los que se quedaron estaban muertos. En Torre del Mar presenciamos un combate aéreo sobre el mar, después nos enteramos que era una piloto rusa, que se enfrentó ella sola a varios cazas italianos. Aguantó bastante, peleo como una valiente, hasta que la derribaron y cayó al agua. Creo que esa fue la única defensa que tuvimos en aquel terrible éxodo. Todo el mundo trataba de reencontrarse, pero del grupo de niños quedamos diez; de los demás y de los profesores no volvimos a saber nada en todo el camino. Y los diez, juntos y solos, nos fuimos hasta Almería." Miguel Escalona, superviviente: 10 años en 1937
Marina Polonio / Fotos: Norman Bethune,1937/ Málaga. En 1936 el cirujano canadiense Norman Bethune renunció a su puesto de trabajo en Montreal para ejercer como médico voluntario de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española. En España organizó el servicio móvil de transfusión de sangre del ejército republicano en el frente de Madrid. Un
año más tarde, el siete de febrero de 1937, más
de cien mil malagueños temerosos de las represalias del ejército
nacionalista del general Queipo de Llano huyen desesperadamente a Almería.
Él estaba allí. Fue testigo de la tragedia humana que
acontecería durante el forzoso trayecto y que se reflejó
en la exposición de la Sala Alameda titulada 'El crimen de la
carretera Málaga- Almería (febrero de 1937)'. Sus ojos vieron niños cansados, madres desoladas y abuelos impotentes ante esta interminable y descomunal huida. Muchos de ellos fueron recogidos por la ambulancia de Bethune -una camioneta Ford en la que instaló un frigorífico, un esterilizador y diverso material médico- y llevados hasta al hospital de Almería donde recibían atención médica, alimentos y ropas. Ejerció de médico y a la vez de notario fotográfico de lo que acontecía. «... Imaginaos ciento cincuenta mil hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio hacia una ciudad situada a cerca de doscientos kilómetros... Hombres y mujeres parecían ir solos, caminando sin remedio al paso que marcaban los demás...», escribió Norman Bethune en 1937.
«¿Qué crimen habían cometido estos hombres y mujeres para ser asesinados de un modo tan sangriento?. Su único crimen fue el de votar por un gobierno del pueblo», esgrimió el médico en su libro 'El crimen de la carretera Málaga-Almería cuando comprobó que sus esfuerzos se tornaban en cadáveres en el destino de la escapada. Sus instantáneas sobre esta huida muestran familias enteras huyendo a lomos de burros, niños solitarios abandonados a su suerte y madres amamantando a sus pequeños en cualquier rincón... Forman parte de cincuenta y seis fotografías que recorren la historia de los protagonistas de aquel suceso, además de la biografía del médico y su actividad en el resto de España. Bethune,
un desconocido en España pero venerado en Canadá y China
por su dedicación a la Sanidad Pública, no dudó
aquellas jornadas en repetir sus viajes a Almería y volver a
la carretera para recoger a los malagueños, que tenían
la caña de azúcar como único alimento. Pero,
a pesar de los esfuerzos del personal médico, el 12 de febrero
del 37 todo se les volvió en contra. Los fotogramas se hacen
eco del asedio de los aeroplanos fascistas a las familias que creyeron
haber llegado a un lugar seguro: Almería. «Pasamos mucha hambre. Al salir de Málaga se llevaba algo, pero a los dos días de marcha ya no quedaba nada», recuerda Cristóbal Criado, que tenía 16 años en aquellos momentos. Es uno de los testimonios que acompaña a las fotos de este cirujano. Otros
como José Ginés, con años entonces rememoraba:
«Cuando volví al camino me encontré
con el espectáculo más horrible: niños, mujeres,
borricos por el suelo...». Fueron experiencias como éstas
las que llevaron a Bethune ayudar a cientos de personas en todo mundo
aunque le costara su propia vida. Esta exposición, que llegó de la mano del Centro Andaluz de la Fotografía, dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta, trató de reivindicar su figura y homenajear a los malagueños que sufrieron aquel desastre», afirmó el comisario de la muestra Jesús Majada. Un punto de referencia y de solidaridad para aquellos que no dejan de creer en el ser humano.
La muerte del Dr Norman Bethune A comienzos de 1938, después de estallar en China la Guerra de Resistencia contra la ocupación japonesa, el Dr. Norman Bethune acudió a China, encabezando un equipo de trabajadores médicos canadienses y norteamericanos. Llegó a Yenán entre marzo y abril de ese año, y al poco tiempo partió para la Región Fronteriza de Shansí. Trabajó en Chajar-Jopei durante casi dos años, dando ejemplo de espíritu de sacrificio, entusiasmo en el trabajo y sentido de la responsabilidad, según afirmó el propio Mao Tse Tung. Trabajando sin descanso con muy pocos medios, Bethune se cortó con el bisturí, contrayendo una fatal infección mientras practicaba una operación de urgencia que quiso terminar a toda costa, y esta infección se transformó en septicemia, Falleció el 12 de noviembre de 1939, en el distrito de Tangsien, provincia de Jopei.
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Algeciras: La ciudad rinde homenaje a los republicanos fusilados en la zona durante la Guerra Civil Unas 150 personas, entre familiares de las víctimas y políticos de izquierda, asistieron al acto de homenaje Un monumento en el cementerio representa la libertad. J. Martínez-Murga/Algeciras Diario SUR
Emotivo acto el celebrado ayer en el cementerio viejo de Algeciras, en el que se dio homenaje a los 136 republicanos fusilados en Algeciras durante el primer año de la Guerra Civil española, en 1936. Un acto celebrado en el cementerio viejo de Algeciras, lugar donde fueron fusilados la mayoría de los republicanos, y al que asistieron unas 150 personas entre familiares de víctimas y muchos políticos de izquierda. Así, conocidos representantes del partido socialista a nivel comarcal y de Izquierda Unida, entre los que se encontraban el Coordinador comarcal y provincial de la formación, Javier Mohedano e Ignacio García.
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Un
violín y
el puño en alto El alcalde de Algeciras, Juan Antonio Palacios y Jerónimo Cózar, representante de la comisión de familiares de los fusilados, descubrieron el monumento, realizado por el escultor Ignacio Márquez y erigido en el cementerio viejo de Algeciras en honor de los republicanos. Será el primero, que se hace en una ciudad española. Ambos reflejaron lo que significa este acto, ya que «en alguna parte del cementerio reposan los restos de personas muertas a las que hoy rendimos homenajes, porque a los que hoy recordamos tendrán el respeto y la admiración de todos, ya que murieron por la paz, por la libertad y por conservar sus ideales». «Expresar en la piedra la dureza, la firmeza con la que ellos defendieron su forma de pensar». El monolito descubierto realizado en piedra caliza recogida en Jimena expresa la libertad y refleja un marco de una ventana en una prisión con barrotes forzados. El acto que una hora acabó con una ofrenda floral y la interpretación del himno de la República.
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El
Foro recupera los datos de la represión franquista El
Foro por la Memoria recuperó datos y claves de los años
de la represión franquista en Algeciras y resto del Campo de
Gibraltar. Las jornadas histórico-culturales de homenaje a
los fusilados republicanos pusieron sobre la mesa datos de una etapa
negra de la historia. Jesús Castro abordó en la primera de las tres conferencias, La represión antimasónica en Algeciras. Guerra y postguerra, la dureza de la represión en la ciudad durante los primeros días de la guerra civil donde se produjeron un total de 200 fusilados, sobre todo masones, intelectuales, concejales republicanos, farmacéuticos, maestros y miembros de la CNT.
En este
sentido, citó a personas conocidas como el maestro Cayo Salvadores
o el práctico del puerto, Mariano Carreras. En este sentido,
también desveló que hubo un intento en la noche del
17 de julio de 1936 de resistencia por parte de la CNT. Posteriormente
intervino el licenciado en Documentación y en Historia, José
Manuel Algarbani, que precisamente está realizando su tesis
doctoral sobre la guerra civil en el Campo de Gibraltar y el papel
de Gibraltar y la represión de postguerra, temas que
apenas se han tocado. En su
exposición sobre la represión franquista, contextualizó
la guerra civil en la comarca y el entramado represivo. Entre los
datos que se manejó se encuentra que Algeciras fue la Subinspección
de campos disciplinarios de trabajadores la II Región militar
que era Andalucía. De los batallones de trabajo señaló
con datos de los archivos militares que hubo unos 10.000 presos republicanos
en el Campo de Gibraltar y la represión fue bastante
salvaje.
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Punta Paloma: 41 fusilados en un solo día
Por poner un ejemplo, en el batallón disciplinario de Punta Paloma, un día mataron a 41 personas, al parecer bien por un conato de rebelión o para dar una señal ejemplificadora al resto de los presos. También en San Roque, hubo un batallón de castigo en Sierra Carbonera donde recibían a los indisciplinados de otros batallones. En este caso es uno de los sitios donde existe menos documentación. En cuanto a la guerra citó que la represión citó que pudo haber 500 fusilados en el Campo de Gibraltar -de ellos 200 en Algeciras- una cifra impresionante teniendo en cuenta los 25.000 habitantes que tenía Algeciras en 1936. Lamentó que la historiografía franquista plantee que no había pasado nada y se plantea con datos que sí pasaron muchas cosas. Respecto a la guerra citó que a primeros de agosto de 1936 hubo bombardeos de la aviación y de la flota republicana con el acorazado Jaime I. Desveló que también hubo un intento serio por parte de los republicanos desde Málaga de intentar reconquistar Algeciras, en las primeras semanas de la guerra por su situación geoestratégica con una gran ofensiva pero disputas tácticas al final impidieron esta actuación.
Posteriormente
se produjo un coloquio en el que hubo dos intervenciones muy emotivas
como fueron las del histórico miembro del PCE, Juan Martínez
Andújar, y también la de Adela Ruiz, que era un hermano
de un maquis apodado El Contreras y que fue detenida y condenada. La
última conferencia estuvo a cargo de Francisco
Sánchez Montoya que abordó el 17 de julio de 1936,
las claves inéditas en el norte de África. Para concluir
las jornadas se vio la proyección del documental sobre las fosas
comunes cerrando un debate con los asistentes. Primera
ciudad con monumento Algeciras será, a partir de hoy, la primera ciudad de España en la que haya sido erigido un monumento en memoria y señal de homenaje a los fusilados republicanos, ya que hasta el momento, las actuaciones que se habían llevado a cabo en otros puntos de la geografía española consistían en la colocación de placas conmemorativas. El alcalde, Juan Antonio Palacios, en compañía de familiares de las víctimas, será el encargado de descubrir la obra artística, hoy a las doce de la mañana en el cementerio antiguo. Este homenaje supone la conclusión de los actos que el Foro por la Memoria realizó con las jornadas histórico-culturales. Se da la circunstancia que Algeciras fue también la primera ciudad de España que contó con el nombre de una calle para los guerrilleros antifranquistas y así se denominó Voluntarios por la libertad a una calle en la barriada de San Bernabé, también como conclusión de unas jornadas sobre la guerrilla en la comarca. El alcalde, Juan Antonio Palacios, ya acudió a la inauguración de las jornadas donde señaló que Algeciras debía este pequeño pero sentido homenaje citando que había que dar un homenaje a nuestros vecinos muertos señalando que espera sean recordados por la sensatez de vivir como se piensa.
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Ambos
bandos combatientes ofrecieron versiones oscuras y sesgadas sobre
el hundimiento del C-3 por la inevitable propaganda de guerra. Una
vez liberados los archivos de guerra de la Marina alemana, se ha conocido
con certeza que la causa del hundimiento fue el torpedeamiento de
la unidad por el submarino alemán U-34, mandado
por el teniente de navío Harald Grosse, en cumplimiento de
la Operación Ursula, ordenada por la máxima
autoridad naval alemana. Noviembre de 1998: Homenaje de la Armada a la tripulación del C-3 Un evento
que tuvo muy poca difusión en su día fue que el 18 de
noviembre de 1998, durante el desarrollo de unas maniobras navales
cerca de las costas malagueñas, ALFEX-02, todos
los buques participantes abandonaron por unas horas los ejercicios
dirigiéndose a rendir homenaje a los marinos desaparecidos
en el hundimiento del C-3. A la orden del almirante las unidades cerraron formación sobre el portaaviones Príncipe de Asturias y con las dotaciones formadas en cubierta se dirigieron a la situación donde hace 62 años desapareció el submarino español, allí tras una breve exposición de la efemérides por la red de órdenes generales, se rezó la oración tradicional en la Armada seguida de un responso. Finalizó el acto con el lanzamiento de una corona de flores a las aguas malagueñas que acogen al "C-3".Si el 12 de diciembre de 1936 significó para aquellos hombres el día de la tragedia, bien puede decirse que el 18 de noviembre de 1998 significó, para todos, el de la concordia.
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Francisco
Sánchez Montoya presentó su nuevo libro
Un libro que todo aficionado a los temas históricos, y especialmente de la GCE, debe tener en su biblioteca. Como dice en el Prólogo del libro el profesor Ramón Galindo Morales, Catedrático de la Facultad de Educación y Humanidades de Ceuta, este libro de Sánchez Montoya es un buen ejemplo de lo que el maestro de historiadores francés, Pierre Vilar, llamó "Historia Total"; en el trabajo de F. Sánchez Montoya encontramos información sobre la realidad política, social, económica y cultural, además de aspectos de la vida cotidiana de la Ceuta de los años treinta. También podemos considerar el trabajo, que desde la perspectiva de una historia costumbrista y narrativa, tal y como la denominó Lawrence Stone; en este sentido, a través de una gran galería de personajes, protagonistas del período y de la narración de distintos acontecimientos, podemos reconstruir cómo era la vida ceutí en aquellos años. Hay que reconocer el riguroso, profundo y fundamentado trabajo que ha desarrollado; los que hemos tenido la fortuna de relacionarnos con él desde hace años, sabemos de su gran dedicación al tema, de su visita a numerosos archivos locales y nacionales, de sus abundantes relaciones con personas vinculadas a los acontecimientos que ha investigado, de su trabajo sistemático, apasionado y silencioso, roto, afortunadamente, en algunas ocasiones, en las que nos ha obsequiado con conferencias, ponencias y comunicaciones en distintos foros especializados, tanto en Ceuta como en otros lugares de España, además de haber publicado interesantes artículos en los que ha ido adelantando la información que ahora nos presenta en una obra completa y compacta. Entre sorprendentes descripciones nos encontraremos en esta libro con hechos escasamente conocidos, como el que se relata en "El día que no mataron a Franco" cuando cuatro cabos y varios soldados planearon asesinar a Franco en Ceuta el 18 de julio de 1936 para detener el alzamiento. Horas antes de la acción fueron delatados y de ellos finalmente 7 ejecutados. Los siete fusilados no fueron las únicas víctimas de la represión en Ceuta. Entre 1936 y 1944 hubo 248 represaliados en la ciudad. En esta ciudad no hubo ni un solo asesinato o desorden durante el mandato republicano. La Ciudad propone levantar mausoleos a estas víctimas y a las del bombardeo del mercado. Los caídos en la Guerra de África tendrán otro monumento en el cementerio
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En
este libro encontraremos documentos históricos interesantísimos
como el Consejo de Guerra que condenó a muerte al Alcalde de
Ceuta, el emblemático Dr. Antonio lópez Sánchez-Prado,
persona muy apreciada en la ciudad por todas las escalas sociales,
que fue víctima de una auténtica farsa judicial llevada
a cabo por los militares golpistas, un fiel reflejo de los miles de
juicios que se realizaron durante la represión franquista. La investigación histórica tiene una importante deuda para con el pasado reciente de Ceuta, Melilla y el antiguo Protectorado Español en Marruecos, especialmente con los períodos de la II República, la Guerra Civil y, sobre todo, la represión derivada de ésta. Por primera vez sale a la luz los datos de la represión en esta zona, con nombres y apellidos. Esta obra viene, en gran media a saldar esa deuda y trata, con especial relevancias unos acontecimientos que pudieron cambiar el curso de la historia como el frustrado atentado al general Franco en un acuartelamiento de Ceuta, a los pocos días del golpe militar, o los primeros momentos de la sublevación en Melilla y la citación crítica por la que atravesó Ceuta durante el bombardeo del día de Santiago de 1936. Francisco Sánchez Montoya (Ceuta, 1955), es miembro numerario del Instituto de Estudios Ceutíes, Premio nacional Edc 2001, Manuel Azaña de investigación histórica. Miembro de la Sociedad de Historia de la Fotografía Española (Sevilla). Sus investigaciones se centran en la Historia Contemporánea, especializándose en la II República, Guerra Civil y Masonería.
Es autor de libros y estudios sobre la Historia de Ceuta y el Protectorado Español en Marruecos en las IV Jornadas de Historia del IEC, Ceuta en los Siglos XIX y XX (2001). El Congreso Los campos de concentración y el mundo penitenciario durante la guerra civil y el franquismo en la Universidad Autónoma de Barcelona (2002), Edc. Crítica 2003. X Symposium Internacional, La Masonería en España, del siglo XVIII al XXl en la Universidad Carlos III (Madrid,2003). Jornadas de Recuperación de la Memoria Histórica (Algeciras,2004). Otras obras suyas son, Real Álbum de Ceuta (1992), Cuadernos del Rebellín n†8 (1993), Más de un siglo de Historia (1995,1996,1997) y Cuadernos del Archivo Municipal (1998), entre otros.
Libro "Ceuta y el Norte de África. República, Guerra
y Represión 1931-1944". Editorial Natívola. España
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EFE-ARANDA
DE DUERO (BURGOS).- Un total de 81 cuerpos, todos de varones, han
sido recuperados de las seis fosas comunes de la Guerra Civil ubicadas
en el monte Costaján, en el término municipal de Aranda
de Duero (Burgos). El director
del equipo científico de la Universidad de Burgos que ha llevado
a cabo la exhumación de los restos, José Miguel Carretero,
ha explicado en conferencia de prensa las conclusiones del estudio
entre las que destacan que el estado de conservación de los
restos es 'excepcional'. La mayoría
de las personas cuyos cuerpos sin vida se han hallado tenían
entre 20 y 35 años, salvo un joven de 16 años y varios
individuos que se pueden clasificar como ancianos. Se han detectado 18 fases de acumulación de cuerpos en las distintas fosas y sólo el 26% de los individuos estaban atados a la hora de la ejecución. También
han localizado 111 impactos de bala en los esqueletos y el 90% de
los cuerpos presentaba disparos en la cabeza, entre uno y tres impactos
de bala de bajo calibre. Aunque
se han encontrado diversos objetos personales, como calzado, prendas
de vestir, monedas, medallas y anillos, no hay ninguno que permita
la identificación directa de los ejecutados. Por otra
parte, existen más fosas comunes en el término municipal
de Aranda de Duero que están situadas en La Lobera, la zona
del Montermoso, y posiblemente alguna más en el monte Costaján.
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Acontecimientos
históricos Carretero
reclamó que las fosas deberían formar parte del Patrimonio
Histórico Español y del Patrimonio Cultura de Castilla
y León y deberían protegerse para recuperar la memoria
histórica, por lo que solicitó la celebración de
'un acto conciliatorio en Aranda de Duero' y la instalación de
un monumento conmemorativo de los fallecidos. El
acto de presentación del estudio, que se desarrolló en
el Salón de Plenos del Ayuntamiento, estuvo cargado de emoción,
ya que se encontraban presentes medio centenar de familiares de los
fusilados, quienes solicitaron al alcalde que medie ante la Administración
Central para que puedan ser identificados los cuerpos recuperados en
el monte Costaján. El proyecto ha sido financiado por el Ayuntamiento de Aranda de Duero, con 37.052 euros, y por la empresa Construcciones TCR, con 26.020 euros, ya que es propietaria de los terrenos donde han aparecido las fosas, donde tiene previsto desarrollar un proyecto de urbanización residencial de lujo en los terrenos con viviendas unifamiliares.
Universidad de Burgos y RMH La
participación de la UBU como centro de investigación otorga
un impulso relevante al estudio, ya que a la importancia de la correcta
exhumación de los individuos, de la que se encargará el
área de Paleontología junto con el estudio osteológico
y la adquisición de información anatómica para
la posible identificación de los desaparecidos, se unirá
la contextualización de los restos a través de un enfoque
multidisciplinar que implica a las especialidades de Antropología
Física, Antropología Social e Historia. Además,
esta vinculación podría servir para que se puedan plantear
otros estudios complementarios forenses o análisis genéticos
de ADN en cuya financiación podría participar la UBU o
algún otro centro de investigación vinculado a a universidad.
Sin
embargo no se conoce con exactitud donde fue sepultado cada uno, dado
que en la capital ribereña han localizado seis fosas y además
tienen constancia de que algunos fueron llevados a Milagros y al Miliario.
Por ello, aunque en el proyecto van a participar antropólogos
para intentar identificar los restos que se encuentren, los dos ex concejales
arandinos han solicitado a los familiares de los desaparecidos que aporten
todo tipo de datos físicos sobre las víctimas y si fuera
posible que además faciliten fotografías. Asimismo han hecho un llamamiento a dos de los falangistas arandinos que participaron en los asesinatoss y que siguen vivos para que faciliten la información que tengan, lo que facilitaría el trabajo.
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Una familiar recoge los restos de su abuelo HA
TARDADO 68 AÑOS en contar un secreto que guardaba entre sus peores
pesadillas, pero al fin lo ha hecho. Y gracias a recordar perfectamente
dónde enterraba a los que llegaban de diferentes pueblos, las
labores de excavación son más rápidas. José,
el enterrador de la sierra de Cádiz, aún siente miedo. El
guía: A José Vázquez ni la edad (91 años)
ni el miedo vivido calladamente durante décadas le han borrado
la memoria. Ahora, gracias a su testimonio, muchas familias de fusilados
sin juicio durante la Guerra Civil están pudiendo localizar las
fosas comunes donde sus parientes llevan 68 años desaparecidos. Ana
María Venegas Bazán y sus cuatro hermanos crecieron con
el recuerdo amargo del asesinato de su abuelo, José Bazán
Viruez, concejal de Izquierda Republicana en el Ayuntamiento de Ubrique.
Pero no fue hasta el verano pasado, después de leer el libro
Las fosas de Franco, de Emilio Silva y Santiago Macías, que le
había regalado por su santo su hermana Pepa Alicia, cuando Ana
se decidió a buscar lo que quedaba de su abuelo. Entonces sí
escribirían el final de su historia. El
alcalde de El Bosque, Antonio Ramírez Ortega, les dijo que llegaban
justo a tiempo cuando fueron a verlo en otoño: iba a construir
urgentemente otra columna de nichos en el solar libre porque apenas
quedaba sitio para seis o siete muertos más. Era el momento de
rescatar los huesos que aparecieran al remover la tierra. Entonces,
un día a finales de noviembre, el constructor encargado de la
ampliación del cementerio, Emilio Vázquez, se encontró
con su tío en el camposanto y surgió una conversación
providencial. -Tito,
vamos a arreglar esto. El
constructor avisó inmediatamente a las hermanas. Tenía
un testimonio único. Era la pieza que necesitaban los cinco hermanos
Venegas y su prima Isabel María Bazán Jaén para
completar el puzzle. No se encontraron con un viejo desmemoriado y balbuciente.Aquel
testigo directo de 91 años recordaba la tragedia vivida a los
24 como si hubiera ocurrido ayer. «Lo que sentimos ese día,
cuando Pepe nos dijo dónde había enterrado a los muertos,
no lo podemos expresar con palabras», explican las mujeres a la
puerta del cementerio. 1936: El horror Entre agosto y septiembre de 1936 enterró a decenas de fusilados.«Pero a la fuerza», recalca por si hiciera falta, «porque voluntarios no íbamos ninguno». Construía parapetos en la línea del frente obligado por los falangistas sublevados. Hasta que un día les encargaron en el cuartel una misión peor. «"El que tenga una pala o un azadón en su casa, que se vaya para el cementerio". Fuimos cinco o seis y nos cogió la noche excavando. Era para enterrar a los nueve primeros que habían matado en Ubrique. Los arrecogimos en carretas y los trajimos al pueblo. Conforme se iban descargando, los llevábamos en escaleras arriba hasta el cementerio, como con unas parihuelas. Las escaleras se desbarataron de cargar tanto». Muertos en mula Vázquez recuerda aún las náuseas bajo el sol de agosto y cómo echaban zotal a las dos mulas para que no les espantara el hedor.La primera fosa la abrieron pegada por dentro al muro meridional del cementerio, aprovechando que ya había una zanja de desagüe.Luego, conforme se sucedían las sacas, continuaban cavando a lo largo del muro (la fosa del primer día quedó sepultada años después bajo una columna de nichos, y los huesos fueron a parar a una huesera). Daba paladas hasta que el suelo le llegaba a la barbilla. Dispersar
los muertos Así,
tiro a tiro, las fosas se fueron colmando con al menos una treintena
de hombres, adolescentes y alguna mujer, inocentes de Ubrique, Benamahoma,
Grazalema y Prado del Rey. El plan, explica, consistía en dispersar
a las víctimas: a los fusilados de un pueblo se les enterraba
en otro, donde los familiares no pudieran seguir el rastro. Por eso
Pepe enterraba a desconocidos. «No sé
ni cómo se llamaban». Los dos únicos rostros que reconoció fueron los del cartero de Benamahoma y su hijo, de 15 años, fusilados junto a otros tres vecinos. Sin braguillas «A
esos no hubo que trasladarlos. Los apoquinaron allí mismo sobre
la pared del cementerio».
Se le grabó también la imagen del cadáver tiroteado
de aquella mujer de Benamahoma. Llevaba una toca negra. La arrojaron
a la fosa sobre los hombres muertos, y uno de los enterradores hizo
entonces algo que no olvida. Los Leones de Rota Las
primeras fuerzas militares sublevadas que llegaron a El Bosque fueron,
dice Pepe, los Leones de Rota, un grupo formado por presos liberados.
Unos delataban y otros mataban. «Ellos no
sabían si uno era comunista o falangista. "A los que hay
que matar me lo tenéis que decir vosotros". Los que estaban
aquí eran los que les decían, aquél, aquél
y aquél». «El
cacique era el que mayormente tenía la culpa»,
acusa. Los Román, los Blanco. Y los guardias civiles asesinos,
como el cabo Gutiérrez. Un grupo de vecinos de El Bosque, harto
de su maltrato, unieron sus firmas para echarlo del puesto. Pero cuando
le llegó su hora con el alzamiento de julio, aniquiló
a los firmantes.«De todo el que firmó,
se vengó», dice. «Los
mataban por nada.Por una venganza personal, porque les debían
dinero. Y, matándolos ya no tenían que pagarles». En esos días de horror hay detalles patéticos que matizan la historia de buenos y malos. «Algunos eran republicanos y se cambiaron porque les dieron un fusil, y mataban a quien sea con tal de salvar el pellejo. Eso ha pasado aquí y en muchos lados: falangistas a la fuerza. Luego seguían como si no hubieran hecho nada». En el ejército de Franco Tras
la genocida represión que asoló la comarca, con 200 fusilados
en Ubrique (que pagó cara su resistencia) o cerca de 70 en Benamahoma
(casi el 10% de su población), Pepe, el superviviente, no tuvo
más remedio que engrosar las filas del ejército de Franco,
en el regimiento de Infantería N. 33 de Cádiz, una fuerza
de choque con la que recorrió los frentes de batalla de Andalucía
y Extremadura hasta el final de la guerra. Una vez le cayó un
obús que levantó un cráter a su lado y lo lanzó
por los aires. Salvó la vida porque no explotó, pero le
dejó de secuela la sordera en su oído derecho que obliga
a hablarle en voz alta. Más tarde, una bala le entró por
la bocamanga del uniforme y le hizo cuatro agujeros en la ropa antes
de reventarle la culata del Mauser. «Sí
que he tenido suerte, sí». En
la dictadura se ganó la vida como peón, trabajando en
la construcción de pantanos, o jornalero de terratenientes. Tuvo
cuatro hijos que le dieron 12 nietos y cuatro bisnietos. Sobrevivió
al tifus y al paludismo. Enviudó. Pero su mayor victoria, quizás,
ha sido la de superar el miedo interiorizado tras años de ley
del silencio, para poder ayudar a las familias de las víctimas
a buscar a sus desaparecidos. Cuando en noviembre contó lo que
sabía a Ana María Venegas, se despidió con una
pregunta reveladora, como un tic del pasado: -¿Me pasará algo por haber hablado con usted? Pepe tiene una hermana, Rafaela, que le dice asustada que no se meta en líos, que no se señale. «¿Pero a mí qué me va a pasar ya?», responde el nonagenario testigo de cargo, liberándose de los temores hasta confesar que es votante del PSOE de Felipe. Nada le puede ocurrir porque, entre otras cosas, todos los asesinos que conoció están muertos. Impunidad total. Al contrario que Ruanda.
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Un
dia histórico
El lunes pasado Pepe Vázquez se puso su abrigo azul y subió al cementerio a acompañar a la treintena de familiares que vinieron de Ubrique, Benamahoma y Grazalema para asistir al inicio de la exhumación oficial de los restos de los fusilados. Era un día histórico que resolvía los momentos de tensión vividos hacía un mes. Los descendientes del concejal Bazán obligaron el 19 de diciembre a parar la obra del cementerio al ver que la excavadora dejaba al aire unos huesos al abrir la primera zanja. Ahí estaban.El forense judicial confirmó que eran antiguos. Los
familiares y la Asociación Andaluza Memoria Histórica
y Justicia, explica Cecilio Gordillo, su vocal de exhumaciones, se acogieron
al nuevo decreto del 2 diciembre de la Consejería de Justicia
de la Junta de Andalucía que, por primera vez, regula el protocolo
y la financiación de las excavaciones de fosas de la Guerra Civil.Así,
han logrado que esta exhumación sea también la primera
que se hace con respaldo de la Administración y todas las garantías
legales. Dos
arqueólogos de la Delegación de Cultura de la Junta en
Cádiz, un oficial y cuatro peones municipales excavan la fosa
a mano.«Viendo esta mañana a los familiares, parecía
que todo hubiera pasado ayer», decía el arqueólogo
Alfonso Pando, acostumbrado a recomponer esqueletos fenicios o romanos,
pero no de difuntos a los que siguen llorando las otras víctimas
vivas que dejó la represión. Y tanto. El enterrador y los que vieron cómo se llevaban a sus padres y hermanos cruzan sus recuerdos, y la tragedia, entonces, parece tan cercana que arranca escalofríos. En la reunión del lunes, Pepe se puso a hablar con un vecino de Benamahoma, Atanasio Ramírez Gil, y le indicó el lugar exacto ,«debajo de una mata de romero», donde enterró a la mujer asesinada. «Era mi madre», contestó Atanasio. «Me la quitaron cuando yo era pequeño». Se llamaba Ana Gil Ruiz. El niño de siete años es hoy un huérfano anciano y canoso. Fueron a buscar a su padre y, al no encontrarlo, se la llevaron a ella. El expolio Pepe también habló junto a las fosas con Santiago, de 73 años, de Benamahoma, acerca de aquel cartero y su hijo a los que enterró.Y así supo que eran el padre y el hermano de Santiago, Manuel Salguero Chacón y Manuel Salguero Mateo, simpatizantes de la República. Dice Santiago que el vecino que los delató, Francisco Guerrero, se quedó con la huerta de sus víctimas, hasta que hace una década Santiago le pidió al alcalde que le quitase la propiedad que expolió a los fusilados. Y así se hizo. El niño huérfano Las
historias se suceden. Ha corrido la voz y cada día llegan más
vecinos al cementerio preguntando por un desaparecido. Francisco García
Sánchez busca a su padre, Andrés García Fernández,
un marroquinero reivindicativo de la entonces ya pujante industria del
cuero de Ubrique que llegó a ser alcalde socialista. A Paco lo
dejaron huérfano con dos años. «Desde entonces uno
lleva la amargura por dentro». Pero él, como todos, ya
no quiere nombrar a los criminales. «Para
qué, si a lo mejor sus descendientes son amigos tuyos, bastante
tienen ya con saber lo que hicieron sus padres y abuelos». Lucía
Román García, de Benamahoma, busca a su abuelo Alonso
Román.Se lo llevaron al paredón al no hallar en casa a
su hijo cuando éste bajó del monte a visitar a su familia.
A la mujer de Alonso la raparon y purgaron con aceite de ricino. Una
frase ha perseguido a la nieta toda su vida. «Esta
noche han entrado cuatro pajarillos a beber». La dijo el
hombre que delató a los cuatro fugitivos que bajaron a visitar
a sus familias. Lo apodaban El Camión, y dice Lucía que,
al contrario que Pepe, se metió a enterrador para rapiñar
en los pantalones de los muertos. «Él
tendría que estar vivo ahora», se lamenta ella. Antonio
Domínguez Caro, de Benamahoma, 81 años, busca a su hermano
José. Se lo llevaron los sicarios del falangista Zamacola. Hacía
apenas unas horas que habían fusilado a José cuando Zamacola
amenazó al niño Antonio, de 13 años, con matarlo
a él también por haberse arrancado de rabia el brazalete
obligatorio de la Falange. La lista de desaparecidos sigue: José
Castro Blanco, de Ubrique, Francisco García Castro, de Grazalema,
su primo Diego, el cuñado de éste, Rafael... Cae el sol en la sierra y a la puerta del cementerio Pepe charla con sus nuevos conocidos, trenzando los destinos de unos y de otros, qué fue de éste, cómo mataron a aquél. Parecen reconfortados, como si hubieran destapado una losa. Restos
de niños De
momento, en la bolsa de plástico número dos del arqueólogo
Alfonso hay apenas un montoncito de huesos de extremidades, dedos, tronco
y un trozo de cráneo. También han encontrado tres suelas
de alpargatas, una de ellas tan pequeña que podría ser
de un niño. Pero esos pedazos porosos y renegridos sostuvieron
vidas.Cuando los especialistas identifiquen quiénes eran y si
son los que buscan, lo más probable es que los vuelvan a enterrar
juntos, bajo una inscripción con sus nombres. Será un
final limpio para una herida que ha aguardado demasiado tiempo abierta.
Más vale tarde que nunca. Pepe, a cuyo cuñado Juan Gil Vera nunca encontró, dice que también él habría luchado como estas familias para dar a sus seres queridos un digno entierro, para que sus huesos no siguieran revueltos y olvidados en la tierra. «Como si fueran cochinos». Eduardo del Campo Crónica-El Mundo N. 431 enero 2004
"Ya
sé dónde mataron a mi abuelo" Los nietos del desaparecido José Bazán Viruez, concejal ubriqueño y secretario de Izquierda Republicana, siempre escucharon decir a su abuela cuando pasaban por la zona de Tavizna, situada en la carretera de El Bosque a Ubrique, que allí fueron donde mataron a su marido. Nadie durante casi siete décadas les ha confirmado este dato. Tampoco otro indicio que la familia ha manejado durante años: Bazán fue fusilado junto a Diego Flores y su hijo adolescente, ambos de etnia gitana.
Ana
María Venegas Bazán, una de sus nietas, acaba de enterarse
de esta certeza gracias al testimonio de una mujer que fue testigo de
los fusilamientos, quien recuerda haber reconocido entre los cadáveres
a Diego Flores. Los familiares de Bazán confían en que
los primeros restos óseos encontrados, a un metro de profundidad
en la fosa de El Bosque, sean los de su abuelo. El hallazgo de unas
pequeñas alpargatas podría corresponder al niño
de raza gitana Sebastián Flores Jiménez, de 12 años,
que murió fusilado junto con su padre Diego Flores González
ya que era frecuente en la época utilizar este calzado entre
los paisanos. "Acabo
de enterarme del lugar donde mataron a mi abuelo",
repite Ana entre un llanto amargo y emocionado por una espera interminable
que le ha marcado desde su infancia. Esta mujer y sus parientes no han
cejado en el empeño hasta estar presentes el pasado día
19 de diciembre en la exhumación de los primeros cadáveres
y parte del calzado. Pidieron
al Ayuntamiento de El Bosque estar presentes como testigos oculares
asesorados por la Asociación para la Recuperación de la
Memoria Histórica. Ahora esperan el proceso de identificación
y sobre todo, "recuperar del olvido mi historia y la de miles de
españoles", dice. Confía en que a partir de ahora se empieza a escribir la historia de estos hombres y mujeres porque "es nuestra verdad, ni de derechas ni izquierdas. Esta gente está olvidada y necesitamos que se escuchen sus historias y se les reconozca. La página estará cerrada cuando se escriban los nombres y apellidos de todos y cada uno de ellos". Esta mujer emprendedora sólo espera saber ahora si los restos encontrados son los de José Bazán Viruez. Lleva consigo la única pertenencia que tiene de él. Es una pequeña postal de amor escrita a su novia años antes del fatal desenlace y una hermana conserva un acta firmada de su último pleno. Mateo Venegas Bazán recupera la memoria de su abuelo José, afirmando que mi abuelo murió por defender la libertad, la democracia y la justicia. Tuve la desgracia de no poder conocer a mi abuelo, pero mi gente sí lo conoció, y lo único que queremos es enterrarlo junto con su mujer. Confiaron en la propaganda Según cuentan los abuelos del lugar, estos nueve asesinados en la Guerra Civil, tuvieron que huir desde Ubrique hasta Benahocaz. Al llegar a Ubrique las tropas "nacionales" enviaron propaganda a toda la comarca en la que explicaban que los huídos del pueblo no iban a ser juzgados sino tenían delitos de sangre. Estas nueve personas confiaron en la propaganda y volvieron a Ubrique ese fatídico 15 de agosto, donde fueron inmediatamente detenidos por una escuadra de falangistas y encerrados en la iglesia junto con otros detenidos, desde donde fueron trasladados en dirección a El Bosque, para su posterior fusilamiento una madrugada de agosto de 1936. Estos familiares se acogieron a la Asociación de Recuperación de Memoria Histórica, y cuando observaron que se comenzaban a realizar las obras de ampliación del cementerio de El Bosque, vieron el momento idóneo para poder corroborar sus sospechas de que los cadáveres de los asesinados se situaban allí. E.A. Diario de Cádiz Enero de 2004
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Ubrique: Convenio entre Papeles de Historia y Foro por la Memoria para investigar los crímenes de la Guerra Civil
La Asociación Papeles de Historia de Ubrique y el Foro por la Memoria Histórica suscribieron el sábado 3 de abril de 2004 un convenio de colaboración para coordinar las actuaciones de ambas entidades en los trabajos de investigación sobre la recuperación de la memoria histórica, con relación a las víctimas de la guerra civil, posguerra y exilio. El documento fue firmado en un acto celebrado en el IES Maestro Francisco Fatou por la presidenta de Papeles de Historia, Isabel María Bazán Jaén, y el responsible en Andalucía del Foro por la Memoria, Luis García Bravo. Este convenio permitirá a la entidad ubriqueña poder formar parte del Comité Técnico previsto en el decreto 334/2003, de 2 de diciembre (publicado en el Boja el 9 de diciembre de 2003), con la misión de aportar los resultados de sus investigaciones históricas para la localización de fosas comunes e identificación biográfica de las víctimas de los fusilamientos.
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En el convenio se establece como temas de investigación histórica los referidos a los combatientes, brigadas internacionales, familiares, cárceles, campos de concentración, quinto regimiento, milicias, ejército popular, batallones, cultura, guerrilleros, maquis, militancia clandestina, batallones de trabajo, fusilados y exiliados. En las consideraciones previas de este convenio se expresa que ambas entidades tienen como objetivo "la recuperación de la memoria histórica" y apuestan "por la construcción de un futuro de paz y respeto de los derechos humanos, apoyándose en la memoria de los que lucharon por este mismos principios". Papeles de Historia está realizando una labor de investigación, basada en la recogida de testimonios orales de familiares de republicanos ubriqueños fusilados en la guerra civil, así como en la consulta de fuentes archivísticas. Con estos testimonios está elaborando una base de datos de asesinados y elaborando sus biografías. Hasta el momento ya tiene identificadas a 55 personas que fueron fusiladas en la guerra civil y enterradas en fosas comunes de Ubrique, Benaocaz y El Bosque. También ha recogido testimonios sobre la posible existencia de otras fosas comunes en las cercanías de Villaluenga, en Prado del Rey y en el camino de Ubrique a Jimena, en especial en el cortijo del Marrufo, donde se calcula que pueden haber unos 30 fusilados. (Periódico de Ubrique www.sierradecadiz.com)
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Trasladados a Ubrique los restos de 13 ubriqueños fusilados y enterrados en la fosa de El Bosque
Las consejerías de Justicia y Cultura de la Junta de Andalucía procedieron el martes 13 de abril al traslado al cementerio de Ubrique de los restos de fusilados durante la guerra civil encontrados en una fosa común de El Bosque. El traslado se hizo en presencia de familiares de las víctimas de los fusilamientos, según anunció en su edición del 13 de abril El Periódico de Ubrique. Este traslado, que se inició a las 13 horas, se produjo después de que, durante varios meses, arqueólogos de la Consejería de Cultura efectuasen excavaciones en la zona donde un testigo de la época, José Vázquez, indicó que existían fosas comunes de fusilados en la guerra.
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Dichas intervenciones arqueológicas se realizaron antes del inicio de unas obras municipales de ampliación del camposanto bosqueño. Descendientes ubriqueños de aquellas víctimas han reclamado la exhumación, identificación y entierro digno de sus antepasados desde meses antes de la publicación del decreto de la Junta de Andalucía que regula el proceso de recuperación de los restos de los fusilados, aparecido el 9 de diciembre de 2003. Una de estas descendientes, Ana María Venegas Bazán, informó ayer de que, tras solicitarlo al párroco de Ubrique, Ildefonso González, las campanas de la parroquia tocarían durante media hora en homenaje a los fusilados cuyos restos regresan a Ubrique. Los féretros fueron conducidos al cementerio ubriqueño, donde fueron recibidos oficialmente por el alcalde, Javier Cabezas. Son los restos mortales de 13 fusilados ubriqueños los que han sido trasladados a su pueblo natal. Entre ellos se encuentran algunos de los que ocuparon cargos de representación municipal en el Ayuntamiento de Ubrique, como Andrés García Fernández, concejal socialista elegido el 12 de abril de 1931 y que permaneció en su cargo hasta 1934 y que luego ocupó de nuevo una concejalía de febrero a julio de 1936 y presidió el 23 de julio de 1936 el Comité de Defensa de la Villa de Ubrique (con título parangonable al de alcalde), y José Bazán Viruez, edil de Izquierda Republicana de febrero a julio de 1936. También fueron enterrados en estas fosas comunes José Castro Blanco, José García Moreno, Manuel Flores Núñez, Diego Flores González, su hijo Sebastián Flores Jiménez, Francisco Moreno López, Manuela Pardeza, Juan Ruiz Rodríguez, Juan Peña y Alfonso Yuste Ramírez. Fuente: www.sierradecadiz.com
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Seis gudaris han sido encontrados enterrados cerca de un caserío de la localidad guipuzcoana, mientras que otros tres han sido localizados en la zona de los montes de Intxorta. Los científicos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi han localizado en la localidad guipuzcoana de Elgeta los cuerpos de varios gudaris desaparecidos en la guerra civil.
La primera fosa se encuentra a varios kilómetros de Elgeta, en la ladera del Sagasti. En su interior, han hallado tres cuerpos en muy mal estado de conservación. Uno de ellos corresponde al gudari Luis María Bautista Elizegi, de 23 años, que junto a otros dos compañeros murió cuando un obús alcanzó su puesto. Su hermano, Javier Elizegi, fue, precisamente, quien solicitó a Aranzadi el estudio de esta zona.
Los hermanos Elizegi, en 1937 A unos metros del caserío Antsuategi Bazterrekua, en Elgeta, han localizado otra fosa con seis cuerpos en su interior. En esta ocasión, los gudaris fueron fusilados sin previo juicio y enterrados en el cráter que dejó el impacto del bombardeo de la aviación alemana. Los científicos de Aranzadi también han encontrado una placa de un cinturón con el emblema del Gobierno vasco de José Antonio Agirre, una de las pocas que han sido recuperadas. A pocos metros del caserío, la Sociedad de Ciencias Aranzadi acaba de localizar los restos de un octavo miliciano. Algunos testimonios aseguran que podría haber hasta siete cuerpos, y es que ésta fue una de las zonas más castigadas por las tropas franquistas en el año 1937. (ETB, 16/06/04) Notas sobre las tareas realizadas en las exhumaciones de Elgeta (Junio 2004). Desde el día 9 de junio de 2004 miembros de la Sociedad de Ciencias Aranzadi trabajan en las labores de prospección y excavación arqueológica en dos zonas de Elgeta de conformidad a los informes preliminares (ver anexos).
1.- En la fosa de Intxorta se han recuperado restos humanos dispersos pertenecientes a tres individuos que se encontraban en un refugio o casamata defendiendo la posición en un lugar de fuerte pendiente sobre la carretera de Elgeta a Kanpazar. Se interpreta que una explosión provoca la muerte de las tres personas. Se han localizado fragmentos de metralla y restos de calzado (botas de cuero). 2.-
En la proximidad del caserío Ansuategi se han localizado dos
fosas que se corresponden a fusilamientos tras la toma de Elgeta por
las tropas franquistas. En una de estas fosas se han localizado tres
esqueletos completos. Uno de ellos tiene un cinturón con placa-hebilla
correspondiente al Ejército Vasco. La segunda fosa, apenas
descubierta por el momento, presenta un individuo. Todos
los restos pertenecen a individuos masculinos. Dr.
Francisco Etxeberria
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El
lápiz del miliciano De
tres fosas hemos rescatado para la historia los cuerpos de nueve milicianos,
gudaris en nuestra lengua milenaria, que fallecieron entre el 20 y el
24 de abril de 1937. Tres de ellos perdieron su vida en un ataque de
la Legión Cóndor, la temible aviación de Hitler
que utilizó el territorio vasco como laboratorio para la barbarie.
Los otros seis fueron fusilados al ser copados por las tropas franquistas
en el caserío Antsuategi. Se
rindieron y salieron con las manos en alto. En vano. Los rebeldes les
ejecutaron en el acto. Entre los restos hemos encontrado un reloj detenido
a las cinco menos diez. Y, según los testigos, esa debió
de ser la hora de la tarde en la que se produjo la ejecución.
Triste revelación. Uno
de los fusilados en Antsuategi, a decir del forense, apenas tenía
18 años de edad. Lo primero que me vino a la mente fue que el
fallecido tenía un par de años más que mi hijo
mayor. Las comparaciones nos avivan la congoja. Toda una vida por delante.
Sus huesos estaban desgastados por la lluvia y la acidez de la tierra.
Desnudos. A la altura de su cadera, donde hace 67 años colgaba
el bolsillo de una cazadora, la arcilla ocultaba una estilizada funda
de caucho. Abrimos la funda y apareció un lápiz, con la
punta perfectamente afilada. El tiempo se había detenido. Miré
alrededor. Los semblantes eran sombríos. Llevamos
más de dos años recuperando restos de nuestra memoria
y, sin embargo, aún nos tiembla el pulso y la voz se nos ondula
en ocasiones. Ésta
era una de ellas. El silencio nos cubrió con un manto húmedo.
Llovía como llueve por estas tierras: suave, sin prisa. ¡Cuántas
cosas había dejado nuestro desconocido muchacho de 18 años
por escribir! ¡Cuántas reflexiones se habían ahogado
bajo la hierba de Antsuategi! ¡Cuántas cartas de amor se
habían esfumado! ¡Cuántas noticias a esos hijos
que nunca llegaron a nacer! Rescatar
huesos parece una tarea inútil. Alguna vez me lo han echado en
cara. Me cuesta creerlo. No rescatamos huesos sino que los vestimos.
De sentimientos, de esa vida que se les fue. Podemos recrear y estamos
en disposición de hacerlo. No es una trampa sino una realidad
bien notoria. Ese
lápiz del miliciano es capaz de concitar toda una serie de A
lo mejor esas cartas de ese lápiz enfundado, se demoraban para
llegar a México o Argentina. ¿A
quién escribías con tanto cariño como para gastar
ese lápiz? ¿A quién contabas tus alegrías
muchacho desconocido? ¿Dónde están tus padres,
tus hermanos, esa chica a la que después de superar tus vergüenzas
te decidiste escribir? El lápiz de ese miliciano de apenas 18
años, escondido bajo un soberbio manzano en los terrenos del
caserío de Antsuategi, ha vuelto a la vida. Y
aunque el ordenador en el que escribo inserta las letras en la La Sociedad de Ciencias Aranzadi, desde distintas vertientes de investigación, estudia el espacio y las sociedades del ámbito vasco a través del tiempo. Fue fundada y registrada como Asociación en 1947. Esta asociación tiene como objetivo fundamental la investigación, aplicación y difusión de las ciencias en el País Vasco. La S.C.A. tomó su nombre del ilustre antropólogo guipuzcoano Telesforo de Aranzadi (1860-1945), reconocido investigador de la Antropología, la Etnología, la Prehistoria y demás ciencias afines.
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"Me llamo Juan Valderrama Blanca y nací en 1916, en Torredelcampo, un pueblecito muy cerca de Jaén, donde de chico aprendí a cantar mientras cogía aceitunas en los hielos del invierno o cuando mi padre me llevaba al trato de las mulas que compraba y vendía a los gitanos por las ferias de los pueblos, con las calores del verano. Yo
he cantado flamenco desde que tenía pantalón corto. Yo,
que empecé impresionando mis cantes en placas de pizarra que
se escuchaban en un gramófono al que había que darle cuerda
con una manivela, que le decían la maquinilla cantaora,
he grabado tres grandes antologías con la historia del flamenco
que ahora se oyen en discos digitales. Mis cantes empezaron a sonar
en radios de galena y ahora se oyen en la televisión por satélite.
Conozco todos los estilos del flamenco, tengo grabados 700 cantes y
he recorrido todos los teatros de España y del mundo durante
más de 70 años de artista. He dedicado mi vida entera
a cantar y a aprender de los grandes y creo que he conseguido en mi
género lo máximo que se puede lograr. Pero
como soy un cantaor que el público ha conocido por sus canciones
propias a orquesta, mi tarjeta de visita es El emigrante. Yo
creo que he sido el único artista al que Franco, que era tan
serio, le ha tocado las palmas y le ha pedido un bis. Aquello
era un palacio, con un salón que llegaba desde aquí a
allí enfrente. El maestro Quiroga nos llamó para que fuéramos
a esta fiesta, donde la parte de artistas la organizaba don Fernando
Fuertes de Villavicencio, que era el jefe de la casa civil del Generalísimo
y la mano derecha de Franco para estas cosas; el que llamaba también
a los artistas para que fueran a actuar en los jardines del palacio
de La Granja todos los años, en vísperas del 18 de julio,
una recepción muy grande que daba allí el Caudillo a los
diplomáticos y a todas las autoridades y donde siempre había
actuaciones. Cuando
me dijo Quiroga que Fuertes de Villavicencio nos llamaba para ir a esta
fiesta de la cacería de perdices yo estaba en los ensayos de
Pena y oro, medio malo, recién operado de apendicitis, que no
me habían ni quitado los puntos todavía, pero cualquiera
se negaba a ir a una cosa de Franco, allí no se podía
mandar parte facultativo. Llevaron también a aquella fiesta a
Carmen Sevilla y a Luis Mariano, el cantante francés que estaban
rodando en España aquellas películas de tanto éxito,
El sueño de Andalucía y Violetas imperiales. Nos llevaron
a ellos dos y a mí, que fui con el Niño Ricardo. Y como
en España todavía había tanta carestía de
tantas cosas, que todavía duraban los efectos de nuestra guerra,
se comentaba por allí que el coche que traía Luis Mariano
desde Francia, un Cadillac, era de un año más nuevo, de
un modelo más moderno que el que usaba el propio Franco. Pero
en voz baja, claro. Cualquiera era el guapo que se atrevía a
comentar en voz alta que Luis Mariano tenía un coche mejor que
el de Franco. En
aquella fiesta de la cacería de perdices nos tuvieron allí
en un cuarto de segunda mesa, y cuando llegó la hora de cantar
nos pasaron a aquel salón inmenso, muy lujoso, con muchos cuadros
y muchos muebles muy buenos, con alfombras, con muchas lámparas,
en el que habían montado una especie de escenario, con un piano
abajo y un tablado arriba para los artistas. Y allí sentado en
ese salón, Franco, con sus ministros, muchos uniformes de militares,
muchos ayudantes con los cordones dorados por el hombro, y mucha gente
desplegada por allí, por la carretera, por el camino y por los
alrededores de la casa: la Guardia Mora y otros que iban vestidos de
requetés con la boina colorada guardando aquello, con las metralletas
en la mano y con los naranjeros. Como si fuera el palacio de El Pardo,
pero en una cacería de perdices en San Martín de Valdeiglesias.
Y
cuando llegó la hora de cantar, nos subimos arriba al escenario
de aquel salón tan enorme el Niño Ricardo con la guitarra
y yo. Y el maestro Quiroga abajo, al piano, que como estaba más
acostumbrado a aquel plan del Caudillo nos daba confianza. Cada artista
estaba cantando una canción solamente. Y yo, todo cortado delante
de tantos uniformes y con Franco allí delante vestido de paisano,
muy serio, mirándome muy fijo, le pregunté a Quiroga antes
de subir: Hizo
Ricardo una introducción a la guitarra, con el fondo del piano
del maestro Quiroga, y allí delante de Franco, por culpa de quien
tantos españoles se habían tenido que ir de España
y no podían volver y tenían que vivir lejos de su tierra,
me puse a cantar la canción que precisamente hablaba de ellos,
porque entonces no había todavía emigrantes a Alemania
con la maleta amarrada con guita, sino exiliados de nuestra tragedia
por todo el mundo: Cuando
salí de mi tierra/volví la cara llorando Me
tocaron las palmas los que estaban en el salón, los ministros,
los militares, la gente de la grandeza del dinero que estaba allí
en la cacería. Y hasta Franco vi que me tocaba las palmas como
él las tocaba, con desgana, como por lo militar. Y
me bajé del tablado, y Fernando Fuertes de Villavicencio, que
no se nos quitaba del lado, me dio un empujón para donde Franco
estaba: Cumplimenta
a Su Excelencia, Juanito, venga, cumplimenta a Su Excelencia.
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Creo
que muy pocos artistas le han tenido que hacer un bis a Franco. El
estribillo se me había ocurrido en una gira por el norte, un
día que estábamos actuando en un teatro de Ponferrada
y el Niño Ricardo me hizo a la guitarra una falseta preciosa,
acompañando unos versos que yo recitaba. Una falseta con una
melodía que me dio casi escrito el estribillo de la canción,
de sentimiento que tenía: Adiós,
mi España querida,/dentro de mi alma te llevo metía...
Pero
la letra de la canción entera la terminé de escribir mucho
después, y de un tirón, como si me la fuera dictando mi
propio corazón, en la misma turné, después de aquella
noche moruna tan española en que vi las lágrimas de los
exiliados españoles en Tánger. Tánger no tenía nada que ver con las otras partes de Marruecos que yo había conocido desde la primera vez que fui con la Niña de la Puebla antes de la guerra. Tánger era completamente distinto a las ciudades españolas del protectorado, a Tetuán, a Larache, a Alcazarquivir. Los otros sitios eran como Andalucía, estaban tan atrasados como España, llenos de soldados, de cuarteles, de moros de Regulares. Y Tánger parecía por lo menos de Francia, o de Estados Unidos.
En
Tánger se respiraba la libertad a cuarenta leguas.
Tánger era un paraíso de los contrabandistas. Y tabaco,
de todos los países: los puros holandeses, los cuarterones de
negro como los de Gibraltar, los cigarrillos egipcios de señorita.
Y allí se conocía ya la penicilina y la estreptomicina,
que había que traerla también de contrabando, porque en
las boticas de España nada más que había sulfamidas.
Y había en Tánger periódicos de todas las partes
del mundo, diciendo lo que les daba la gana, y unos cafés con
unas terrazas grandiosas donde te encontrabas sentadas en los veladores
gentes de todas las razas hablando todos los idiomas. Todo eso, viniendo
de una España donde todavía había cartillas de
racionamiento hasta del tabaco, la cartilla de fumador, era un contraste
tremendo. Y
allí a Tánger, buscando esta libertad y esta prosperidad,
se fueron muchos españoles después de la guerra, huyendo
de Franco, de la cárcel o del fusilamiento, y allí se
buscaron la vida y se establecieron. Y éstos eran los que iban
a verme al teatro, como iban a verme también algunos moros. Todo
el dinero del mundo estaba en Tánger, circulaba el dólar,
el franco, la libra esterlina. Tánger era el emporio. El teatro
se llenaba tarde y noche, el teatro Cervantes. Y mientras, los discos
míos sonando todo el día en Radio Tánger, con Madre
hermosa, y la foto mía puesta en el España de Tánger,
que era el diario en Español que había allí, donde
estaban trabajando muchos periodistas nuestros que se habían
tenido que ir de Madrid cuando la guerra y que habían encontrado
cobijo con Gregorio Corrochano, el famoso crítico de toros. Y
a mí me llegó muy hondo saber que allí en el teatro
Cervantes donde íbamos a actuar se había acabado el papel
porque Tánger estaba atestado de españoles que se habían
tenido que ir después de la guerra. Yo los vi llorar allí
en la puerta del teatro, agarrados a mí, rodeándome cuando
entraba para los camerinos por la puerta de artistas: Juanito,
que yo soy de Málaga, a ver si me dedicas un cante... Y
uno de los que se acercó fue precisamente el que me salvó
de morir en la batalla de Brunete, como tantos muchachos de mi pueblo
movilizados, cuando me dio el carné de la CNT y me metió
de soldado en Fortificaciones: Carlos Zimmerman. Este anarquista, que
había sido el jefe de la CNT en Jaén, el que tanto me
protegió, había podido escapar de España después
de la guerra, si no, lo fusilan. Se había orientado allí
en Tánger y trabajaba como perito electricista, que era su profesión.
Nos vimos, nos abrazamos y nos hartamos de llorar los dos, porque los
dos sabíamos que él no podía volver a España
mientras viviera Franco. A
mí me pareció que media España estaba allí,
refugiada en Tánger, en esa emigración forzosa, con esa
emoción que vi luego en el teatro, todos en pie aplaudiendo los
cantes de España, sin colores, sin bandos, con lágrimas
en los ojos. Allí ni se decía nada en contra del régimen
de Franco ni a favor de nadie. Nada más que llorar recordando
nuestra tierra: ¡España,
España! Y
la guitarra, y el cante, y los oles. Aquello no era ni de Franco ni
de la República. Aquellos hombres eran de España. Y
a mí aquello me llegó tan hondo y era una verdad tan dolorosa,
que al llegar al hotel por la noche, después de pasar por aquellos
sitios del Zoco Grande, por los cafetines del té moruno, todos
oscuros, las calles tan estrechas, la otra parte de Tánger, la
mora, no la internacional, cogí un papel y me puse a escribir
toda la canción que me faltaba, porque hasta entonces el Niño
Ricardo y yo nada más que teníamos compuesto el estribillo.
La hice de un tirón. Mi
España, Juan, y mis hijos, que se quedaron en Cartagena... Yo
soy un pobre emigrante/y traigo a esta tierra extraña Y
mientras en la fiesta de la cacería de perdices de aquel caserío
tan señorial de San Martín de Valdeiglesias le estaba
cantando el bis de El emigrante a Franco, las lágrimas de aquellos
hombres exiliados no se me podían a mí quitar del pensamiento.
Juanito Valderrama: mi España querida, de Antonio Burgos, se publicó el 5 de febrero de 2002. Editorial La Esfera. 591 páginas.
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Imanol, el donostiarra que luchó con canciones
EFE/MADRID.-
El músico donostiarra Imanol Larzabal, de 57 años, murió
el 26 de junio (2004) en Orihuela (Alicante) a causa de una lesión
cerebral que le tuvo varios días en estado muy grave. El cantautor
fue un defensor, desde la canción, de la cultura vasca, primero
desde las filas de ETA y luego alejado de la banda terrorista, cuyas
amenazas le llevaron a abandonar el País Vasco. Imanol
Larzábal, cantante y compositor, nació en San Sebastián,
el 11 de noviembre de 1947, y aunque realizó estudios de delineación
nunca llegó a ejercer la profesión. En 1964
comenzó a cantar en euskera al tiempo que frecuentaba los ambientes
"abertzales", hasta que tres años después
decidió integrarse en ETA. En pleno franquismo, el 29 de agosto
de 1968, fue detenido y pasó seis meses en la prisión
de Martutene, en San Sebastián. Poco después, se refugió
en Francia y vivió en Bayona, Burdeos y París, en donde
ofreció numerosos recitales. A principios
de 1977 regresó a España tras la amnistía y,
ya distanciado de la organización terrorista, nunca dejó
de apoyar iniciativas a favor de la cultura vasca. Entre otras, participó
en la "Korrika", una andadura a través de toda la
comunidad autónoma y Navarra para recaudar fondos en favor
de la "euskaldunización" de adultos. En julio de 1985, Imanol estuvo envuelto involuntariamente en la fuga de dos presos de ETA que se introdujeron en los altavoces utilizados por el equipo de sonido. Imanol y cinco miembros de su grupo fueron detenidos por la policía. Poco después fue puesto en libertad tras ser esclarecidos los hechos.
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En octubre de 1989 fue amenazado por unas pintadas supuestamente realizadas por la banda armada ETA, gesto que fue denunciado con una masiva protesta en apoyo a este cantautor y que culminó con el concierto denominado "Contra el miedo", celebrado en noviembre del mismo año. Cobró
notoriedad cuando en octubre del año 2000 comunicó que
dejaba el País Vasco por haber sufrido amenazas. En ese momento
dijo que en Euskadi se vivía un "ambiente irrespirable"
y explicó que había venido sufriendo todo tipo de presiones
desde que en 1986 participó en un concierto de homenaje a Dolores
González Katarain, Yoyes, asesinada por ETA. La
muerte de su madre, ocurrida un año antes, en 1999, fue otro
de los motivos que desencadenó su marcha del País Vasco.
Desde entonces, Imanol ha regresado de forma esporádica a Euskadi
y en 2004 colaboró en el disco colectivo en recuerdo al fallecido
Julen Lecuona. Su
último disco es "Versos encendidos" (2003), en el que
incluye 15 temas "fruto de un "trayecto de itinerancia geográfica
y de reflexión íntima, lejos de la tierra que me vio nacer".
En
su discografía se incluyen títulos como Herriak ez du
barkatuko (1974), Lau haizetara (1977), Jo ezan (1981), Orhoituz (1985),
Muga beroetan (1989), Viajes de mar y luna (1990), Barne kanta (1994),
Hori bera da denen ixtoria (1996) y Ausencia (2000). El 25 de junio de 2004, el cantautor sufrió un derrame cerebral en Orihuela (Alicante). Meses antes había tenido ya problemas de salud por los que fue internado en la UCI del Hospital Donostia de la capital guipuzcoana, a pesar de su delicado estado, Imanol siguió con sus trabajos musicales hasta el último momento. |
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La Guerra Civil en Melilla, por Vicente Moga Romero
Melilla,
17 de julio de 1936: Un grupo de tropas moras de Regulares sublevadas,
apoyadas por una sección de Infantería, al mando del
capitán Alfredo Corbalán, se lanzan al asalto, por sorpresa,
de la base de hidroaviones de Do-Wal, el El Atalayón, próxima
a Melilla, que se mantiene leal al gobierno republicano. Con
la cuarta parte de la tropa de permiso y los motores de los hidroaviones
desmontados, por problemas en los reductores, el heroico capitán
de Aviación D. Virgilio
Leret Ruiz, jefe accidental de la Base, revólver en mano,
opone fuerte resistencia. A
sus órdenes, un pequeño grupo de oficiales, suboficiales
y soldados que finalmente, agotadas las municiones, se rinden, después
de una resistencia de casi 3 horas. El capitán Virgilio Leret
Ruiz sale al encuentro de la tropa atacante y de manera fría
y calculada, aún cuando continuaba el tiroteo, arroja el revólver
vacío a sus pies, y dirigiéndose al capitán Alfredo
Corbalán, le dice: "Yo soy el Jefe y estos hombres
se han limitado a seguir mis órdenes ". El
grupo de Regulares tuvo dos bajas, las primeras de la guerra
civil española. A escasos metros su esposa, la escritora y periodista Carlota O´Neill y sus dos pequeñas hijas permanecían en la draga anclada en las aguas de la Mar Chica donde llevaban dos semanas de veraneo.
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La noche del 22 de Julio de 1936, Carlota O' Neill era detenida y llevada a la prisión de Victoria Grande donde permaneció presa, junto con la familia de los generales Romerales y Miaja casi cinco años mientras que su esposo el capitán D. Virgilio Leret Ruiz era fusilado en la tarde del 23 de julio, a los 33 años de edad, en el Fuerte de Rostrogordo, en compañía de dos de sus fieles subordinados, los alféreces de Aviación D. Armando González Corral y D. Luis Calvo Calavia, y de los capitanes D. Joaquín Fernández Gálvez de Cazadores n° 7 y D. Luis Casado Escudero de Infantería.
Esa
antesala fue la Guerra Civil española iniciada en los territorios
hispanos en Africa, por un grupo de militares rebeldes contra la legalidad
republicana. La resistencia honesta y legal del capitán Leret
y de un pequeño grupo de valientes, sirvió sólo
para que hoy reconozcamos el valor, la entereza, la honestidad, la lealtad,
el coraje, la obediencia a la bandera, y el patriotismo en suma, nunca
patriotero, de aquellos españoles que utilizaron desde su profesión
la defensa de la legalidad constitucional. Este magnífico libro, muy recomendable, recoge el inicio de la rebelión en Melilla y en la zona del llamado Protectorado de Marruecos.
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Fuente: A.García /Bilbao. Diario Vasco Los textos de Carlota O'Neill (1905-2000), escritoria madrileña de origen irlandés, que fueron presentados en Bilbao por sus dos hijas, Carlota y Mariela, constituyen un testimonio «de primera mano» de las primeras horas del golpe militar contra la República encabezado por el general Franco. La reedición de "Una mujer en la Guerra de España" se acompaña esta vez de una segunda parte inédita en España, "Los muertos también hablan" y un tercer escrito, "Las Romanzas de las rejas". La foto que aparece en la portada es de Robert Capa y muestra a la fotógrafa y periodista alemana Gerda Taro en un descanso durante la Batalla de Brunete, 1937. Este volumen recientemente aparecido, viene acompañado de un conjunto de fotografías familiares, donde se muestra a la autora con Virgilio Leret, héroe de la República, piloto de hidros fusilado por los militares golpistas junto con sus compañeros, en los primeros días del comienzo de la guerra civil, en la base del Atalayón, en Melilla. La edición aparece en la Colección La buena Memoria, dirigida por Rafael Torres, con la esperanza de ir recuperando la Memoria Histórica de la Guerra Civil y de sus antecedentes históricos, para dar conocimientos a las generaciones, a las que se les ha ocultado, y a las nuevas, que van apareciendo, y que mostrará un capítulo de la Historia de España que ha permanecido oculto por la voluntad de los vencedores y sus fieles descendientes franquistas.
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Carlota
Lere -hijat, que en la actualidad reside en Venezuela, define los escritos
de su madre como «un libro fascinante, lleno de verdad y de vida.
Lo hermoso del libro es que es una pura vivencia: el lector vive con
ella lo que sufrió, se hace parte de uno mismo» afirmó.
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RECUPERANDO MEMORIA HOMENAJE A LOS REPUBLICANOS © Fotografía: Eloy Alonso Durante
los más de 28 años transcurridos desde la muerte del dictador
Francisco Franco, los republicanos españoles y todas aquellas
personas que padecieron la represión franquista y lucharon por
el regreso de la democracia no habíann recibido ni una pequeña
parte del reconocimiento público que merecían. La transición
española rompió con la II República, pero no lo
hizo con la dictadura. Muchos hombres y mujeres han muerto en estos
años esperando un reconocimiento. La
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica,
con la colaboración del Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid, la
Fundación Contamíname y Evohé Producciones organizó
un concierto homenaje a los republicanos. El homenaje se celebró
el 25 junio de 2004, a las 21:30, en el Campo de Fútbol del Polideportivo
del Cerro del Telégrafo, a la entrada de Rivas, siendo el acceso
gratuito.
© Fotografía: Eloy Alonso. (Más imágenes del evento en la Galería de la Memoria) Actuaciones
musicales: Lectura
de textos:
Fundación Contamíname Asoc. Amigos de los Caidos por la LIbertad
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Emilio Silva y Santiago Macías publican "Las fosas de Franco"
Los republicanos que el dictador dejó en las cunetas ..."Eran las diez de la noche. Nos habíamos acostado ya; estábamos agotados después de pasar todo el día trabajando en el campo. Cuando golpearon violentamente la puesta de la casa, mi madre saltó de la cama. Recuerdo que eran una docena aproximadamente todos con las camisas azules, los correajes y armados asta los dientes con pistolas y fusiles. Al mando iba un famoso vecino de la zona, al que apodaron más tarde el "5001". Nos obligaron a vestirnos deprisa. Cuando salimos a la calle llovía muchísimo. Nos dijeron que teníamos que ir a declarar al pueblo por culpa de un denuncia. Las primeras en subir fuimos nosotras. Mas tarde trajeron a Virtudes y a Valeriana, que llevaba en brazos a su pequeña de corta edad, y la subieron a empujones en la camioneta. Don Pedro, el cura de Poyales de Hoyo nos confesó a todas. Seguramente él ya sabía la suerte que nos esperaba, incluso puede que fuera cómplice en alguno de los casos. ..." (Testimonios sobre el caso de la Fosa de Candeleda, Castilla-León ) Según Isaías Lafuente, en su prólogo de esta publicación, «Este libro es conmovedor y duro». Es imposible que deje frío a quien decida asomarse a sus páginas. Seguramente por una razón fundamental: lo que se cuenta en él, aunque parezca irreal, es verdad. Emilio Silva nos cuenta la historia de su abuelo, y de otros trece hombres asesinados una madrugada del 16 de octubre de 1936 por una partida de sanguinarios fanáticos falangistas en la localidad de Priaranza del Bierzo. No hubo acusación, ni juicio, ni posibilidad de despedida de los suyos. Sus cuerpos fueron enterrados en una fosa común, que sólo pudo abrirse 64 años después cuando la casualidad, primero, y el empeño, después, llevaron al nieto a exhumar los restos del abuelo.
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Santiago Macías rastrea España de esquina a esquina y en cada punto cardinal encuentra territorios sembrados de horror por los que pasean militares que ordenan matanzas para ocultar abusos y violaciones en orgías sexuales a la fuerza con prisioneras de guerra, párrocos que clasifican a los enterrados en las fosas comunes según hayan confesado o no en el último momento, asesinos que arrojan a sus víctimas al mar atados de pies y manos. Emilio
Silva Barrera Santiago
Macías Pérez Ed. Temas de hoy. Historia viva. Madrid 2003 También en Círculo de Lectores
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¿ Un genocidio planificado ? En las elecciones legislativas celebradas en febrero de 1936 triunfó el Frente Popular, una amplia coalición de centro-izquierda. Nunca antes de la proclamación de la Segunda República en 1931 los poderes fácticos del país -la alta oficialidad del Ejército, la oligarquía territorial y financiera, la rancia aristocracia y la Iglesia Católica como institución- habían unido esfuerzos para preservar sus intereses, que ahora veían más amenazados que nunca. De
hecho, desde la proclamación de la República habían
visto cuestionadas sus bases de poder por iniciativas legislativas como
la laicización del Estado, la reforma militar o la agraria, entre
otras. Movidos por sus temores, habían logrado imponer una dura
represión con motivo de la revolución de Asturias, en
octubre de 1934, a la par que los gobiernos derechistas del bienio negro
(1934-1936) habían reflejado su afán de dar marcha atrás
en las conquistas sociales y los avances políticos anteriores.
En este contexto, que el pueblo escogiera en las urnas en 1936 a una coalición de izquierdas para desarrollar un sistema político moderno, laico y progresista era mucho más de lo que tales sectores retrógrados y conservadores podían soportar. Su respuesta, como todos saben, fue el golpe militar de julio de 1936 y la Guerra Civil que desencadenó. Pero es menos conocido que la feroz represión que ejercieron los golpistas no empezó de manera espontánea. Muy al contrario: estuvo cuidadosamente elaborada. Así, la política de exterminio contra el enemigo estaba diseñada, planificada y sistematizada desde las mismas elecciones de 1936. La terrible violencia gratuita y sanguinaria que se ejerció contra la población civil no fue fruto del fragor de los primeros momentos de la guerra. Tanto si estamos en el sur de España pocos días después del golpe, como si nos trasladamos a Asturias y León a mediados del conflicto o a la Catalunya del ocaso de la guerra, encontramos la misma casuística: mujeres violadas en presencia de sus hijos y gente sacada de sus casas de madrugada -los temibles paseos del amanecer- para ser ejecutada. De este modo, ante la búsqueda afanosa por parte de los falangistas de presuntos enemigos de España, ancianos y jóvenes pagaron con su vida la ausencia del cabeza de familia e incluso familias enteras fueron asesinadas contra la tapia de un cementerio. Fosas comunes y cadáveres mal enterrados en las cunetas fueron mudos testimonios de ello. El Túnel del Tiempo / Clio Las Fosas del Silencio Las Fosas
del Silencio ha sido publicado por la editora Plaza Janés, en
idioma castellano y catalán. Los dos periodistas anteriormente
han editado los libros "El comboi del 927", que nos narra
la história sobre los republicanos que fueron deportados al Campo
de Concentración de Mauthaussen, además del libro "Los
niños perdidos del franquismo".
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El libro está dividido en tres capítulos, el primero de ellos se denomina Extremadura y la represión que siguió al golpe de Estado del 18 de julio de 1936; León y las fosas de 1937, y Catalunya al fin de la guerra. Como ha sido el proceder de las dictaduras, toda la maquinaria represiva tenía por objeto hacer desaparecer a la población de ideas de izquierda, a sus organizaciones y de quíenes se oponían al nuevo régimen. De allí que el libro enfoca como cuestión central aquellos desaparecidos que, luego de recibir un tiro en la nuca o ser fusilados, terminaron enterrados en zanjas anónimas que nunca nadie, hasta ahora, se atrevió a denunciar. Belis y Armengol en la presentación de su libro, afirman "no entender por qué España no ha sido capaz de afrontar su propia historia y ha guardado silencio sobre las fosas del franquismo y los fusilamientos masivos en cunetas de carreteras secundarias. Otros países, como Sudáfrica, Chile, El Salvador, han creado comisiones de la verdad para evitar un silencio culpable, pero nuestros gobierno democráticos nunca han apoyado esas medidas". Luego agregan que "la inhibición oficial salpica a todos los colores políticos: entre 1982 y 1994, los gobiernos del PSOE no hicieron nada por acabar con el silencio, idéntica postura a la del PP en los últimos ocho años que estuvieron en el gobierno. (Redacción Satiria) Las
fosas del silencio Los autores Montse Armengou (Barcelona, 1963) es periodista, y además de colaborar en distintos periódicos y revistas, ha trabajado para TV3 desde el año 85. En 1993
coordinó el proyecto audiovisual Periodistes per Bòsnia,
que fue finalista del INPUT (International Public Service Television
Screening Conference), y desde 1995 forma parte del equipo de reporteros
de 30 minutos. Ricard
Belis (Barcelona, 1964) es realizador de televisión. Entre
su filmografía destacan L'infern a casa (1997, premio Ciutat
de Barcelona 1998), Tortura, més enllà del dolor (1998,
finalista del Festival de Nueva York 2000 y Premio Unda del Festival
de Montecarlo. Ambos han recibido el Grand Prix Festival International du Gran Reportage d´Actualité 2003 por Los niños perdidos del franquismo, y Premio Liberpress- Radio France International por su trayectoria de recuperación de la memoria histórica. Son autores, junto con Ricard Vinyes, de la versión literaria de "Los niños perdidos del franquismo" (Plaza & Janés, 2002). Para
más información o entrevista con los autores: Avance
Capítulo Fosas del Silencio (130 Kb):
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Durante
66 años, los restos de Virtudes, Pilar y Valeriana han estado
olvidados aparentemente por la justicia española y por el resto
de autoridades surgidas del levantamiento militar en julio de 1936.
Según
informan 'Losdeabajo', en Candeleda, al sur de Ávila, y en
su plaza más céntrica fueron homenajeadas estas tres
mujeres, víctimas de la violencia fascista. En la mañana
del 19 de octubre, casi 66 años después, más
de un centenar de personas rindieron un testimonio de respeto y de
dignidad a Virtudes de la Puente, de 53 años en el momento
de su asesinato, Pilar Espinosa, de 43, y Valeriana Granada, de 26.
Familiares y allegados de las víctimas, miembros de la Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH)
del Tiétar y la Vera, del Bierzo, simpatizantes de las causas
dignas y de la memoria histórica, personas venidas de distintas
partes de la peninsula... hicieron ondear banderas republicanas y
entonaron 'La Internacional' en recuerdo de las tres mujeres. A lo largo de toda la mañana arqueólogos, miembros de la ARMH, trabajaron para recuperar los cadáveres de las tres asesinadas. La exhumación, realizada en un paraje conocido como 'la vuelta del Esparragal', tuvo momentos de máxima tensión cuando aparecieron los primeros restos que fueron acompañados por un sobrecogedor silencio entre los asistentes. Allí estaba el histórico líder sindical y comunista Marcelino Camacho, que destacó la necesidad de 'recordar el pasado para que no se repita'. Las flores con los colores republicanos, simbolismo de la lucha por las libertades, estuvieron presentes en esos momentos. Localizadas
otras 11 fosas más en la zona Era la
primera fosa común de la Guerra Civil que se abría en
Candeleda, pero la ARMH del Tiétar y la Vera tiene localizadas
y documentadas otras once fosas en los alrededores, con un total de
115 personas que estarían enterradas en ellas. Para Mariano
López, delegado de la asociación, 'hay una deuda histórica
que el Gobierno debe recuperar para que se dignifique la memoria de
estas víctimas de la Guerra'. Según Santiago Macías, uno de los fundadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el resto de las fosas localizadas en Candeleda tendrán que esperar. 'En estos momentos la asociación está desbordada ante la enorme cantidad de familiares de víctimas de la Guerra Civil que reclaman la exhumación de sus cuerpos, pero el próximo año se organizarán campos de trabajo en toda la comunidad y en el resto de España, para dar salida a estas solicitudes lo más rápido posible'. Además las autoridades y las instituciones no colaboran, ni parecen estar dispuestas a hacerlo, en nada. La muerte de estas tres mujeres es uno de los 35.000 casos que tiene registrados la ARMH.
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En Candeleda está previsto que tras el estudio y la identificación de los restos de Virtudes, Pilar y Valeriana, se erija un monumento en su memoria y se dé a conocer qué les ocurrió. Que estas acciones además sirvan como homenaje a todas esas víctimas anónimas que encontraron la muerte, víctimas de la 'cruzada nacional'. Han
pasado 66 años Obdulia
recuerda con profunda tristeza lo sucedido aquella noche. Algo hizo
cambiar de opinión a su ejecutor. 'A unos 200 metros el camión
se paró y me dejaron bajar. Hoy tengo 82 años y aún
recuerdo a mi madre rezando mientras nos traían hacia aquí'.
Heliodora relata que su madre, embarazada de cinco meses, la entregó
a Obdulia para que la cuidara, 'si mi madre no me hubiese soltado de
sus brazos, también me habrían fusilado a mí'. Las
mujeres fueron ajusticiadas. A Valeriana le abrieron el vientre, le
arrancaron el feto, y la rellenaron de hierbas. Los cuerpos quedaron
a la intemperie. Como ejemplo y para escarnio. Paula Carrera, de 82
años, recuerda que vio los cadáveres a las pocas horas
del fusilamiento, el 30 de diciembre de 1936, y cómo un vecino
de Candeleda, que murió 'a causa de una depresión una
semana después', fue quien 'los enterró con sus propias
manos y puso encima una piedra'. La piedra que sirvió para marcar
el lugar y que 66 años después pudieran ser recuperados
los restos mortales. La
tragedia obligó a Obdulia a tener que abandonar su pueblo. Dos
meses después se fue a vivir a la localidad toledana de Talavera
de la Reina, donde reside desde entonces. Obdulia no agradece a los
asesinos de su madre que le salvaran la vida. Ni mucho menos. Los odió
y los odiará toda la vida. Pero, según cuenta su hija,
nunca transmitió ese rencor ni deseos de venganza a sus vástagos. Heliodora
ha tardado más de cuarenta años en regresar a Candeleda,
ya que esta 'herida de guerra' nunca le ha terminado de cicatrizar,
a pesar de que asegura no tener rencor a los ejecutores de Valeriana.
'Estas exhumaciones tenían que haberse hecho antes; después
de 66 años no tiene sentido sufrir el dolor ahora y volver a
levantar viejas rencillas'. Noviembre, 2003. Fuente: Izquierda Castellana
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