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La Dip. de Málaga erigirá un monolito en memoria de las Víctimas de la Caravana de la Muerte

Constituido Comité de Actuaciones RMH de la Junta de Andalucía

Convenios Marco y Específico sobre R.M.H. de Espera (Cádiz)

Algeciras rinde homenaje a sus republicanos fusilados durante la GCE

Francisco Sánchez Montoya presenta su nuevo libro sobre la GCE en Ceuta y Norte de Africa

La fosa de El Bosque, 1936

La matanza del Marrufo,1936

Un matadero humano: La fosa de Órgiva

Ubrique: Convenio entre Foro por la Memoria y Papeles de la Historia para investiga crímenes de la GCE

Trasladados a Ubrique los restos de 13 ubriqueños fusilados en El Bosque

El Presidente R. Zapatero en RadioCable.com:"Hubo mucha gente, muy digna que no tuvo ni siquiera un entierro..." (Entrevista)

Valdediós: Un crimen de guerra sin aclarar

Aparecen los cuerpos de tres mujeres fusiladas por los falangistas en 1936 en Candeleda (11/2003)

81 cuerpos recuperados en Costaján. (Aranda de Duero)

Científicos de S.C. Aranzadi localizan en Elgeta los restos de 8 gudaris muertos en la GCE

Los 1.005 de los Pozos de Caudé (Teruel)

Zafra, espejo del Holocausto

Los campos de exterminio

Queipo de Llano: "Id preparando sepulturas"

El primo al que Franco mandó fusilar

La verdad sobre la muerte del capitán de fragata Tomás de Azcárate

Web in Memoriam del submarino C-3

Seminario “Guerra Civil y Represión en Jimena de la Frontera”

"El crimen de la carretera Málaga-Almería" (Febrero 1937). Sala de Exposiciones de la DPM - Abril 2004

Foro por la Memoria de Cádiz recupera datos de la represión franquista en el Campo de Gibraltar

José Manuel Algarbani realiza su tesis doctoral sobre la GCE en el Campo de Gibraltar

Montse Armengou y R. Belis presentan "Las fosas del silencio"

Nuevo libro de Vicente Moga sobre Testimonios de la GCE en Melilla

Reedición de "Una mujer en la guerra de España" de Carlota O'Neill.

Radiocable.com: Un día con los voluntarios de las fosas comunes de la GCE

Emilio Silva y Santiago Macías publican "Las fosas de Franco"

Protocolos para exhumaciones

Concierto-Homenaje a los republicanos en Rivas-Vaciamadrid

Juanito Valderrama recuerda el exilio: La Canción del Emigrante

Falleció Imanol, el donostiarra que luchó con canciones

 

Aún sonaban los sables desenvainados en las guarniciones africanas contra la legalidad vigente cuando los militares sublevados hicieron desaparecer a los primeros desdichados. Fueron compañeros de armas que habían decidido permanecer fieles a la República y a la palabra dada. «Tenían los rostros desfigurados y, algunos, los ojos abiertos. No se podía saber el grado militar porque de los desgarrados uniformes habían sido arrancadas las estrellas y los demás distintivos», Soldado Antonio Granados, detenido en el hospital de O'Donnell de Melilla por los franquistas el 17 de julio de 1936. Rafael Torres. "Desaparecidos de la Guerra de Españal". La Esfera de los Libros

"Tenemos que matar, matar y matar..."

"El gran error que han cometido los franquistas al empezar la Guerra civil española ha sido no fusilar de entrada a todos los limpiabotas. Un individuo que se arrodilla en el café o en plena calle a limpiarte los zapatos está predestinado a ser comunista. Entonces ¿por qué no matarlo de una vez y librarse de esa amenaza?" (Entrevista del capitán Aguilera con el periodista inglés Peter Kemp.)

"En el siglo XIX la gente de bien había cometido el error de promover la higiene y las alcantarillas, alejando así el fantasma de la peste, que antes de eso, por voluntad de Dios, se ocupaba de diezmar los barrios obreros. Ésa era la razón por la cual los militares debían encargarse de esta depuración.”

«Tenemos que matar; matar y matar; ¿sabe usted?», declaraba ufano Gonzalo de Aguilera al periodista norteamericano John Whitaker: «Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Ahora espero que comprenda usted qué es lo que entendemos por regeneración de España... Nuestro programa consiste... en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado. Además también es conveniente desde el punto de vista económico. No volverá a haber desempleo en España, ...¿se da cuenta?». Gonzalo de Aguilera(Conde de Alba de Yeltes, rico terrateniente, capitán del ejército de Franco y uno de los oficiales de prensa y enlace con los visitantes extranjeros durante la Guerra Civil. De madre escocesa, aficionado a la práctica del polo, poseía grandes fincas en Salamanca y era amigo personal del monarca Alfonso XIII.

"Id preparando sepulturas" (General Gonzalo Queipo de Llano)

El castigo espiritual

"Estoy dispuesto a exterminar, si fuera necesario, a toda esa media España que no me es afecta." Francisco Franco en declaraciones al corresponsal del Chicago Tribune, Jay Allen.

«No es un capricho el sufrimiento de una nación en un punto de su historia; es el castigo espiritual, castigo que Dios impone a una vida torcida, a una historia no limpia». Francisco Franco, discurso en Jaén, 18 de marzo de 1940.

La Iglesia de Franco. Julián Casanova. Ed. Temas de Hoy, Colección Historia, ISBN 84-8460-080-7.

 

 

 

El primo al que Franco ejecutó

El general Franco y su primo Ricardo de la Puente Bahamonde, comandante republicano convencido, crecieron como hermanos hasta que la ideología les separó. «Un día voy a tener que fusilarte», le llegó a decir Francisco a Ricardo. Y lo hizo. En 1936, fue el último militar fiel a la República del norte de Africa.


Francisco Sánchez Montoya

Franco tenía al enemigo en casa y no debió de sorprenderle saberlo.En la tarde del 17 y la madrugada del 18 de julio de 1936, cuando el ruido de sables ya había sido reemplazado abiertamente por el estruendo de los fusiles en el norte de Africa, muy pocos oficiales de la región se mantuvieron leales a la República.El último en caer, jefe de las fuerzas aéreas del norte de Africa y comandante al frente del aeródromo de Tetuán Sania Ramel, en el protectorado de Marruecos, se llamaba Ricardo de la Puente Bahamonde y era primo carnal de Francisco Franco Bahamonde. El general había llegado a apreciarle, pero fue implacable al ordenar su fusilamiento.

En realidad, fue como la confirmación de un viejo augurio. En su libro Historia de una disidencia, la sobrina del general Pilar Jaraiz Franco escribió sobre ellos: «Eran más hermanos que primos, pero de adultos se habían agudizado sus diferencias ideológicas.Franco lo había sustituido de su puesto durante la revolución de Asturias en octubre de 1934. Y en una de sus muchas discusiones, había exclamado Franco: "Un día voy a tener que fusilarte"».

Ricardo, que también había nacido en Ferrol, era tres años más joven que su primo Francisco. Como él, consiguió los más importantes logros de su carrera militar en el norte de Africa. En 1922 fue destinado como capitán a Larache y resultó herido en una de sus incursiones. Dos años más tarde recibió una medalla de «sufrimiento por la patria». Incluso se le concedió, años después, otra condecoración, la Cruz de María Cristina por motivos de guerra, debido a su estancia en Africa.

Pero no fueron las suyas vidas precisamente paralelas. Más bien, al contrario. Tras la revuelta de Asturias de octubre de 1934, reprimida por el propio Franco, Ricardo De la Puente Bahamonde fue suspendido del Ejército por apoyarla.

Tropas moras de Regulares desfilando

Unico cuartel leal

Sólo después de que, tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, Manuel Azaña legislara un indulto general, De la Puente Bahamonde fue rehabilitado. Le enviaron entonces, en abril de ese mismo año, a Marruecos como jefe de las Fuerzas Aéreas, con base en el aeródromo de Sania Ramel, a pocos kilómetros de Ceuta.

Apenas faltaban tres meses para el inicio de la Guerra Civil y aquél iba a ser su último destino.

Al caer la tarde del 17 de julio de 1936, el comandante Bahamonde, ya había tenido noticias de la sublevación en Melilla y de la toma de la base de hidroaviones de Atalayón.

Su compañero el capitán aviador Virgilio Leret había sido detenido allí y pocas horas después habría de ser ejecutado. Asimismo, la máxima autoridad militar, el general Gómez Morato, también estaba detenido.

Entrada a la medina de Tetuán

En realidad sólo había un centro, además del aeródromo que él defendía, que aún no había caído en manos de los sublevados, la Alta Comisaría del Protectorado, con la máxima autoridad civil, Arturo Alvarez-Buylla, al frente.

El comandante Bahamonde no tenía dudas de que durante la madrugada del 18 de julio sería atacado el aeródromo. En pocas horas su primo, el general Franco, debía aterrizar allí a bordo del Dragón Rapide, procedente de Canarias, para tomar el mando de los sublevados en el norte de Africa. De modo que detuvo a varios oficiales que estaban implicados en el golpe y, con los subordinados leales, unos 25 en total, comenzó a preparar su defensa.

Instaló cuatro ametralladoras sobre una torreta e iluminó la carretera por la cual podían venir las tropas atacantes con las luces de todos los vehículos de que disponía. Para dificultar más la llegada de las fuerzas del acuartelamiento legionario de Dar Riffien, mandadas por el brazo derecho del general Mola, el teniente coronel Juan Yagüe, Bahamonde ordenó a unos de sus capitanes salir con varias camionetas hacia Ceuta y volcarlas en un puente cercano.

Ya era noche cerrada cuando en Sania Ramel se recibió una esperanzadora llamada desde la Alta Comisaría. Alvarez-Buylla había logrado hablar con el presidente del Gobierno y ministro de la Guerra, Casares Quiroga. Madrid iba a enviar aviones de refuerzo y había que resistir a toda costa. Alrededor de las 23.30 horas el comandante Bahamonde dio orden de marcar el campo de aterrizaje con hogueras encendidas con trapos y cubos de gasolina y señaló a un grupo de soldados para que quedaran en la pista al cuidado de ellas.

El teléfono volvió a sonar a las dos de la madrugada, ya del 18 de julio. Esta vez era el jefe de la sublevación en Tetuán, el teniente coronel Sáenz de Buruaga, el que estaba al otro lado del hilo. Si Bahamonde no deponía su actitud, una columna de artillería y tropas de regulares cercarían el aeródromo.

Los aviones de Madrid seguían sin llegar, pero Bahamonde se mantuvo firme. Tal y como quedó reflejado en el consejo de guerra, el comandante no dudó en contestar: «¡Tendrán que pasar por encima de los que defendemos al gobierno legal en este momento! ¿En qué concepto me ordena usted que me rinda? ¿Quién es usted para darme tales ordenes?». Dos horas y media después Sania Ramel estaba rodeado y el asedio apenas tardó unos minutos en durar.

Las fuerzas atacantes tuvieron mucha precaución en no dañar la pista de aterrizaje, que sería utilizada en pocas horas por el avión que traía al general Franco. Pero incluso así lo tuvieron fácil. En menos de media hora empezaron a registrarse los primeros heridos entre los hombres de Bahamonde. El comandante no tardó en comprender que los aviones prometidos por Casares Quiroga no iban a llegar nunca, que resistir sólo serviría para contribuir al derramamiento de sangre y que su primo había ganado esta partida.

Aeródromo militar de Sania Ramel (Tetuán), 1930*

Antes de entregarse, no obstante, ordenó a sus hombres que realizaran averías en varios aviones Breguet XIX, rompiendo sus depósitos de gasolina, radiadores y las ruedas del tren de aterrizaje para que no pudieran ser utilizados por los aviadores sublevados.

A las 05.15 horas de la madrugada del 18 de julio, el comandante Bahamonde enarboló un pañuelo blanco y entregó su pistola al comandante de Regulares Serrano Montaner. Él y todos sus hombres fueron detenidos y trasladados a la fortaleza del monte Hacho de Ceuta.
Unas horas más tarde, en la mañana del 19 de julio aterrizaba en el aeródromo el Dragón Rapide con Franco a bordo.

Condenado a muerte por traición

Franco fue rápidamente informado de la actitud de su primo el comandante Bahamonde y su situación en calidad de detenido por oponerse a la sublevación.

Fortaleza de Monte Hacho, Ceuta

El proceso sumarísimo contra el comandante Bahamonde, sin embargo, había comenzado a tramitarse el mismo 18 de julio. Se deseaba cuanto antes tener una sentencia, y así fue como el 2 de agosto se celebró el Consejo de Guerra. A las pocas horas de escuchar las acusaciones, y ante una defensa inexistente, Ricardo de la Puente Bahamonde fue condenado a muerte por traición.

Ejecución o indulto

El 3 de agosto se envió a Franco el fallo para que, como máxima autoridad, aportara su enterado y firmara la ejecución o el indulto.El general debió de pensar que cualquier condena que no fuera la ejecución sería considerada un signo de debilidad, pero firmar la sentencia de un familiar tan cercano podría ser inquietante.Y no lo hizo. Decidió ceder su firma al segundo jefe, Luis Orgaz, quien la rubricó.

Ejecutado con prisas

El comandante De la Puente Bahamonde fue fusilado el 4 de agosto de 1936, en los muros exteriores de la fortaleza del monte Hacho. Eran las cinco de la tarde. Tras años de haber investigado y consultado cientos de procedimientos, no me consta que durante la represión en Ceuta tuviera lugar alguna ejecución por la tarde. Estaba claro que querían dar por finalizado este consejo de guerra cuanto antes.

Francisco Sánchez Montoya es autor de Ceuta y el norte de Africa (1931-1944). República, guerra civil y represión (Editorial Natívola)

¿Bahamonde o Baamonde?
El comandante Ricardo de la Puente Bahamonde nació en 1895, tres años después que su primo, Francisco Franco, en Ferrol. - Realizó sus mayores hazañas bélicas en la guerra africana, en la que obtuvo dos medallas. - Apoyó la revolución de Asturias en 1934. - El 18-J de 1936 intentó que el «Dragón Rapide» no aterrizara en Tetuán y fue fusilado tras fulminante consejo de guerra. - En el bando en que declaró el estado de guerra en Marruecos, Franco omitió la «h» intercalada de su segundo apellido, según algunos historiadores, para distinguirse de su primo.
(Crónica-El Mundo-18/07/2002)

*Sania Ramel: Construído en octubre de 1913 como un aeródromo militar, estuvo operativo desde primeros de noviembre de dicho año. A partir de junio de 1926 se abrió al tráfico civil como escala en la línea aeropostal Sevilla - Tetuán - Larache adjudicada por la Dirección General de Correos a "Jorge Loring Compañía Aérea", que la estuvo operando hasta su integración en C.L.A.S.S.A. en diciembre de 1930, utilizando los Loring T-1 civiles. Durante el invierno era frecuente que la escala de Tetuán se suprimiese dado que el terreno de Sania Ramel, proclive a encharcarse, resultaba inutilizable. Según el Atlas de Aeródromos de España de 1934, se trata de un aeródromo militar (la utilización para el tráfico civil era excepcional y requería una autorización especial). El campo de vuelo, con unas dimensiones de 700 x 350 metros, era de piso llano y firme, pero fácilmente encharcable en época de lluvias. Disponía de las instalaciones propias de la Base Aérea militar (hangares, talleres, combustible y aceite, estación de radiotelegrafía, etc...). Se hallaba comunicado por ferrocarril a Tetuán y a Ceuta y, por carretera, a Tetuán, a 2' 5 kilómetros de distancia. www.histaer.org

 

 

 

 

Tomás de Azcárate García de Lomas

La verdad sobre la muerte de un marino republicano


El 16 de agosto de 1936 era fusilado en los fosos de Puerta de Tierra el capitán de fragata Tomás de Azcárate García de Lomas, jefe interino de la base naval principal de Cádiz. Su delito: ser un hombre de honor y fiel a sus ideales. Su tragedia: una viuda y nueve huérfanos. Esta es la verdadera historia de su muerte.

Por Jesús Núñez

Introducción.
Desde el inicio de la Guerra Civil Española se han publicado varios miles de libros dedicados a esta tragedia y todavía no se ha contado todo.
El caso de Cádiz es un claro ejemplo de ello aunque eso parece que por fin va a empezar a cambiar. Sin embargo sí debe pedirse por respeto a la verdad, a los muertos y a sus familias, que lo que se escriba sea veraz y sin rencor. En ambos bandos se cometieron atrocidades y se sufrió mucho. Aquel horror debe ser sólo historia.

La mayor parte de lo publicado sobre el capitán de fragata Azcárate padece de una lamentable falta de rigor y respeto a la verdad. Son varios los libros en los que puede leerse que hizo causa común con el gobernador civil por haber sido nombrado jefe interino de la base naval; que dadas sus ideas republicanas se refugió en el gobierno civil al proclamarse el bando de guerra; que fue arrestado y rápidamente fusilado: que tras ser sometido a consejo de guerra fue condenado a muerte; etc.

Por no decir la verdad no lo dicen ni respecto al lugar y fecha de su muerte. En la mayoría de los textos se afirma que fue fusilado el 18 de agosto de 1936 en el castillo de Santa Catalina, datos que como se verán a continuación tampoco son ciertos.

En cambio si hay un hecho verdadero en el que suelen coincidir: su muerte causó un gran pesar en la Armada en donde era muy apreciado y reconocido por su prestigio profesional y su recto carácter. Tal pesar fuera posiblemente también porque además sabían lo injusto y vil de su muerte.

La familia Azcárate

Era hijo de Tomás de Azcárate Menéndez y de Concepción García de Lomas, habiendo nacido en la gaditana localidad de San Fernando el 24 de octubre de 1889. Ingresó a los 13 años en la Escuela Naval. Poseía una brillante hoja de servicios y tenía concedidas 9 condecoraciones siendo 4 de ellas con distintivo rojo por su valor acreditado en las campañas de Marruecos.

Su abuelo Patricio de Azcárate fue fundador y director de la Biblioteca Filosófica. Su padre fue contralmirante y director del Observatorio de Marina de San Fernando, habiendo colaborado con Isaac Peral en los cálculos para la construcción del primer submarino. Su tío Gumersindo de Azcárate perteneció al partido republicano y fue uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza llegando a ser presidente de la misma.

Cádiz en 1936. En primer plano,en la Plaza del Carbón, monumento a las Cortes de 1812

Tomás de Azcárate estuvo al mando del submarino A-3 entre el 6 de enero de 1920 y el 6 de enero de 1922. Posteriormente obtuvo el mando del destructor Lazaga desde el 11 de diciembre de 1934 hasta el 16 de mayo de 1936.

Crucero "República"

Desde el 18 de mayo de 1936 Azcárate era el 2 comandante del crucero "República" (antiguo "Reina Victoria Eugenia" y futuro "Navarra") que se encontraba sufriendo importantes reparaciones en el arsenal de La Carraca.

Vivía en la 2 planta del número 18 de la gaditana calle Valverde con su esposa María Josefa Ristori Alvarez y sus nueve hijos (Tomás, José María, María del Carmen, Isabel, Juan, Manuel, Gumersindo, Teresa y Luis) cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 3 años.

Asesor del gobernador civil.

El 16 de julio de 1936 Mariano Zapico Meléndez-Valdés, comandante de Artillería, era el gobernador civil de la provincia de Cádiz desde hacía cuatro meses. Ese día llamó a Azcárate para requerir su asesoramiento técnico en cuestiones navales ya que habían puesto a su disposición el destructor "Churruca". Se temía una sublevación del Ejército en Marruecos y quería evitarse la posibilidad de su paso a la Península.

Azcárate le contestó que era necesaria la autorización del vicealmirante José María Gámez Fossi, jefe de la base naval principal de Cádiz. Zapico asintió y esa misma noche Azcárate localizó a Gámez en el domicilio de una hermana de éste, informándole de lo solicitado por el gobernador.

El vicealmirante le autorizó para ello y le dijo que debía ponerse de acuerdo con el comandante del "República" respecto a compaginar sus misiones en el buque donde se encontraba destinado y su nuevo cometido.

Destructor "Churruca"

La entrevista con el "Churruca"

El capitán de navío Fernando Barreto Palacios, comandante del "Churruca", había zarpado de Cartagena con órdenes de dirigirse a Cádiz. Sin embargo durante la travesía recibió una orden directa de Madrid para entrar en el puerto de Algeciras. Allí debería entrevistarse con Zapico.

Esta reunión se celebró pasada la medianoche del día 16 y asistieron Zapico, Barreto y Azcárate. También les acompañó Antonio Macalio Carisomo, secretario particular de Zapico.

El gobernador quería asegurarse de la lealtad de Barreto cuando recibiera instrucciones, caso necesario, de impedir el paso por el Estrecho de tropas del ejército de Marruecos. Parece ser que el comandante del "Churruca" no fue demasiado convincente y Azcárate en el viaje de regreso a Cádiz expresó su pesimismo al gobernador.

El 18 de julio de 1936.

En la mañana del 17 Azcárate se presenta en el "República" e informa a su comandante, el capitán de navío Juan Benavente García de la Vega, de su nueva misión. A media tarde va al gobierno civil y se entera por Zapico del inicio de la sublevación en Marruecos. A continuación localiza a Gámez y se lo participa siendo ésta la primera noticia que recibe sobre lo sucedido.


Durante la mañana del sábado día 18 Azcárate estuvo en el "República" hasta que sobre las 14,30 horas regresó a su domicilio para almorzar y descansar un poco teniendo intención de volver sobre las 20 horas al barco. Sin embargo hacia las 16 horas Zapico le llama por teléfono y le envía un coche oficial para recogerle.

A esa misma hora el bando de guerra es proclamado por el general de brigada de Artillería José López-Pinto Berizo, comandante militar de Cádiz y una hora después las primeras fuerzas sublevadas del ejército sitian el edificio que hoy ocupa la Diputación Provincial. Entonces lo compartía también con el gobierno civil y la delegación de Hacienda.

El antiguo Gobierno Civil, escenario de los hechos, actualmente Palacio de la Diputación Provincial de Cádiz

El bilaureado general de brigada de Infantería José Enrique Varela Iglesias es liberado de su arresto preventivo en el castillo de Santa Catalina y se hace cargo de la dirección del alzamiento militar en Cádiz. El comandante de Infantería Manuel Baturone Colombo se entrevista en el interior del edificio con Zapico y le intima para que se rinda. Madrid ha declarado facciosos a los sublevados.

Baturone obtiene una respuesta negativa y a su salida las fuerzas del regimiento de Artillería de costa n 1 y del regimiento de Infantería n 33 inician fuego de fusilería sobre el edificio respondiendo de igual forma sus defensores.

Al comenzar la noche el general Varela telefoneó a Zapico para que se rindiera. Azcárate y otras personas allí presentes también se lo aconsejaron. No había municiones ni víveres para soportar un asedio y la posibilidad de refuerzos salvadores era impensable.

Zapico no quiso rendirse pero accedió a que pudieran ser evacuadas las mujeres y los niños así como aquellos paisanos que lo desearan. Azcárate y los representantes civiles decidieron quedarse con él. Tras salir los que quisieron continuó durante toda la noche el fuego de fusilería.

Jefe interino de la base naval

Sobre las 2,50 horas del día 19 se recibe en el centro de comunicaciones de la Marina en San Fernando un mensaje de Madrid en el que se cesa al vicealmirante Gámez y al contralmirante Manuel Ruiz de Atauri. Para relevarlos se nombra interinamente como primer y segundo jefes de la base naval de Cádiz a Azcárate y al capitán de corbeta Virgilio Pérez y Pérez.

Azcárate se enteraría de este nombramiento estando en prisión y Pérez, que fue quien recibió directamente el mensaje al ser el jefe de comunicaciones, se presentó a Gámez, no para intentar su cumplimiento sino sólo para informarle. Gámez sorprendentemente ordenó su detención. Posteriormente sería trasladado al penal de la Carraca y fusilado en oscuras circunstancias el 28 de agosto de 1936 junto a otros jefes y oficiales de la Armada. El capitán de corbeta Pérez dejó viuda y cinco huérfanos, siendo póstumo uno de ellos.

La rendición del Gobierno Civil

Sobre las 7 horas del domingo 19 Azcárate subió al cuarto de la azotea del edificio y tras comprobar la presencia en el puerto del "Churruca", aconsejó otra vez la rendición a Zapico. Los fusiles y las pistolas de los defensores poco podían hacer frente a los cinco cañones de 120 milímetros del destructor. Continuar la lucha sería un derramamiento inútil de sangre. Zapico era artillero y lo sabía. Minutos después se agitaba la bandera blanca.

Los defensores militares serían traslados al castillo de Santa Catalina y los civiles a la prisión provincial aunque parte de ellos lo serían posteriormente al buque "Miraflores". Una vez dominados por los sublevados los otros focos de resistencia en la ciudad estos centros de detención se irían llenando.

 

El juicio sumarísimo

La maquinaria judicial de los vencedores se puso bien pronto en marcha. La acusación sería siempre la misma: delito de rebelión militar previsto y penado en el número 4 del artículo 237 del código de justicia militar y en el apartado b) del artículo 3 del bando que declaraba el estado de guerra.

El 22 de julio se inicia el juicio sumarísimo contra Zapico y tres más: el teniente coronel Leoncio Jaso Paz, jefe de la 11 Comandancia de Carabineros; el capitán de Artillería Antonio Yáñez Barnuevo-Milla, jefe de los guardias de asalto y el funcionario Luis Parrilla Asensio, jefe de teletipos del gobierno civil.

El día 23, el hijo mayor de Azcárate llevaría a su padre un telegrama del "República" enviado a las 21 horas del día 18 desde San Fernando para que se incorporara a su destino.

Como juez instructor fue nombrado el comandante Joaquín Camarero Arrieta y como secretario el capitán Romualdo Carretero Luque, ambos de Infantería y destinados en la Caja de Reclutas n 13. Tras tomar declaración a los encartados ya citados y a otros entre los que se encontraba Azcárate se dictaría auto de procesamiento para todos ellos el día 28 de julio.

La declaración indagatoria tomada ese día a Azcárate es impresionante teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba. Al ser preguntado si se estimaba autor del delito de rebelión militar que se le acusaba no sólo lo rechazó sino que afirmó según consta textualmente en dicha causa "que el acto realizado por las tropas era ilegal y violento y que oponerse a toda rebelión era una virtud y deber de todo militar".
El 2 de agosto conforme a lo dispuesto por el auditor de guerra de la 2 División (Sevilla) el juicio sumarísimo se eleva a plenario respecto a Zapico, Jaso, Yáñez y Parrilla. Todos ellos serían condenados a muerte y fusilados en el castillo de San Sebastián el
6 de agosto de 1936.

Del resto se ordena deducir testimonio y se inicia un nuevo procedimiento. En éste constan como procesados Azcárate, Macalio y Francisco Cossi Ochoa, presidente de la comisión gestora de la diputación provincial que había permanecido también durante todo el asedio en el interior del edificio. Cossi y Macalio designaron como defensor al letrado Andrés López Gálvez pero éste rehusó.

Las declaraciones judiciales

Las manifestaciones que se recogieron en la causa eran favorables para la defensa de los tres procesados. En ningún momento empuñaron armas ni tenían mando sobre los asediados, habiendo quedado constatado que habían aconsejado en diversas ocasiones la rendición a Zapico al objeto de evitar un derramamiento inútil de sangre.

Respecto a Azcárate, Zapico confirmó que el 18 estaba en el edificio como asesor suyo con autorización expresa de Gámez. El comisario de policía Adolfo de la Calle, el capitán de Infantería Julio Almansa Díaz, el teniente de la Guardia Civil José López Lanjarín, el teniente de Infantería Joaquín Rodríguez Llano e incluso el falangista Joaquín Arcusa Corbacho harían declaraciones favorables.

La única declaración contradictoria fue la de su vicealmirante. Por un lado reconoció que Azcárate estaba en el gobierno civil con autorización expresa suya a petición de Zapico y que le informó de lo del "Churruca" y del inicio de la sublevación en Africa.
Pero por otra parte declaró que cuando Zapico le telefoneó sobre las 11 horas del día 18 para pedirle que Azcárate continuara como asesor suyo y dio su permiso, ignoraba que estuviese destinado en el "República". Cuando minutos después su jefe de estado mayor se lo dijo, le escribió una carta a Zapico para pedirle que Azcárate regresara a su destino y que si lo continuaba necesitando debía solicitarlo del comandante de dicho barco. A continuación se la dio a su cabo cartero para que la llevara urgentemente al gobierno civil.

Dicha carta, que aparece unida al procedimiento judicial con su sobre, nunca llegaría a manos de Azcárate y la primera noticia que tendría sobre ella se la daría su cuñado, el coronel de artillería de la Armada Félix García de los Fayos, durante una visita que le hizo el 6 de agosto.

Hay dos preguntas inmediatas: ¿Por qué Gámez que acababa de hablar con Zapico no le telefoneó enseguida para revocar su autorización y decirle que se lo pidiera al comandante del "República"?. ¿Por qué no dijo la verdad respecto al destino de Azcárate?.

Desde luego una llamada telefónica hubiese sido más rápida y eficaz que una carta llevada en mano desde San Fernando hasta Cádiz un 18 de julio de 1936. También hubiese sido muy interesante que se hubiera tomado declaración al comandante del "República", al jefe del estado mayor y al cabo cartero.

Pero desgraciadamente el 16 de agosto se fusiló sin conocimiento formal del juez instructor a los tres procesados. Ese mismo día Azcárate había designado como defensor a Rafael Casares Uceda, capitán de Infantería y a Cossi y Macalio les notificaron la vergonzosa renuncia de su abogado.

Castillo de Santa Catalina. Situado en la playa de la Caleta, fue ordenado construir por Felipe II en 1598. En el interior existen pabellones, cuarteles y aljibes, almacenes originariamente de polvora. Posteriormente fue destinado a prisión militar estando actualmente en proceso de restauración

Sobre las 16,30 del domingo 16 de agosto se encontraban en el castillo de Santa Catalina visitando a Azcárate, su esposa y sus dos hijos mayores, cuando sin explicación alguna los echaron de la fortaleza. Mientras esperaban en el exterior salió un vehiculo escoltado por guardias civiles.

El capitán Jaime Puig Guardiola, jefe del estado mayor de la comandancia militar de Cádiz, había dispuesto por orden del general López-Pinto que la Guardia Civil trasladara a Azcárate y al capitán de Infantería retirado Antonio Muñoz Dueñas hasta el regimiento de Infantería n 33.

El teniente Luis Salas Ríos de la Guardia Civil se hizo cargo de ellos y firmó el correspondiente recibo conduciéndolos hasta el acuartelamiento de Infantería situado junto a Puerta de Tierra. Allí Azcárate pidió ser confesado por su amigo el padre Vicente de los carmelitas pero por error avisaron al padre Vicente de los paules.

Días después este sacerdote entregaría a la viuda un papel con el membrete de la sala de oficiales del regimiento en el que su esposo había podido escribir sólo un nombre: "María Ristori de Azcárate". Su último pensamiento fue para su esposa y madre de sus 9 hijos.

Unos soldados de Infantería al mando de un oficial lo trasladaron hasta uno de los fosos exteriores de Puerta de Tierra en donde le esperaba un pelotón de guardias de asalto para proceder a su ejecución. Alguien había ordenado esa mañana aplicarle el bando de guerra.

Puerta de Tierra, Cádiz


Sobre las seis de la tarde el capitán de fragata Azcárate, jefe interino de la base naval de Cádiz nombrado por el gobierno de la República, moría fusilado junto a Cossi, Macalio, el capitán Muñoz, el médico y diputado socialista Rafael Calvo Cuadrado y un obrero que había participado en la defensa del gobierno civil llamado Julián Pinto.

Tomás, su hijo mayor, tuvo que pedir prestado el dinero para comprar el ataúd. Se lo pidió al propietario de una sastrería de la calle Columela de la que su padre era cliente y conocido. Al serle negado se lo solicitó al dueño del bar "Sol" de la calle San Francisco, quien en medio del silencio de todos los presentes se lo dio. Alberto Hirón Castañeda, amigo tinerfeño de Tomás, se encargó de comprarlo.

Al día siguiente fue enterrado en San Fernando. El cadáver de Azcárate fue recogido en el cementerio de Cádiz por su hijo Tomás y su cuñado Félix transportándolo en un furgón de la Marina. Al llegar al panteón familiar les esperaban media docena de personas junto a Recaredo García Sabater, capellán de la Armada. La muerte se inscribió en el registro civil de Cádiz el 30 de agosto de 1936.

El sobreseimiento de la causa

El 30 de diciembre de 1937 el auditor de guerra de Sevilla decretaba la devolución del procedimiento sumarísimo al instructor a fin de que se acreditara en el mismo si a los acusados les fue aplicado el bando de guerra o se manifestase su situación y paradero en su caso.

Dado que el comandante Camarero estaba en el frente se nombró como nuevo instructor al de igual empleo y arma, Nicolás Chacón Manrique de Lara, siendo auxiliado por el brigada Eduardo García Tejero en calidad de secretario.

Al no encontrar antecedente alguno en los archivos del juzgado militar se lo solicitaron por escrito al gobernador civil que entonces era Fernando Vázquez Ramos, teniente coronel de la Guardia Civil. Este, en oficio de 7 de diciembre participó textualmente "que a los interesados según noticias adquiridas les fue aplicado el bando de guerra".

El 21 de diciembre de 1937, el general de división de Caballería Gonzalo Queipo de Llano y Sierra, acordaba mediante su firma el sobreseimiento definitivo de la inconclusa causa que contaba con 129 folios útiles.

Razones de una muerte inexplicable

Han pasado 63 años desde el fusilamiento del capitán de fragata Azcárate y su familia se sigue preguntando por qué. La tramitación del juicio sumarísimo le estaba siendo favorable y en todo caso dada la situación bélica le hubiera correspondido una pena de prisión y la separación del servicio.

Estaba en el gobierno civil con autorización expresa de su vicealmirante, no tuvo conocimiento de la famosa carta, no empuñó arma alguna, no tenía fuerza defensora a su mando y aconsejó reiteradamente la rendición para evitar más derramamiento de sangre.

Fosos de la Puerta de Tierra, lugar habitual de los golpistas para los fusilamientos

La forzada e inesperada aplicación del bando de guerra pudo tener al menos en su caso tres factores desencadenantes. Los dos primeros serían su nombramiento como jefe interino de la base naval de Cádiz y las represalias que se iniciaron como consecuencia de los bombardeos realizados por la flota republicana sobre las ciudades de Algeciras, Cádiz y Ceuta entre otras.

El tercer factor estaría tal vez muy relacionado con la misión reservada que Queipo de Llano ordenó personalmente para realizar en Cádiz a Francisco Vives Camino, capitán de Ingenieros destinado en el servicio de aviación. Dicho oficial al presentarse el general López-Pinto le entregó una carta manuscrita fechada en Sevilla el 4 de agosto de 1936.

La carta de Queipo de Llano

El contenido textual de la misiva de Queipo de Llano era el siguiente:

"Mi querido amigo y compañero:
El capitán de aviación Francisco Vives va a esa con una misión reservada que te expondrá. Procura que se le den todas las facilidades posibles, y de palabra te dirá todo lo que es preciso hacer.

Un abrazo de tu buen amigo y compañero:
Gonzalo Queipo de Llano.

¡Esto se acaba!, lo más que durará son diez días. Para esa época es preciso que hayas acabado con todos los pistoleros y comunistas de esos".

Según Tomás, el hijo mayor de Azcárate, que a sus 81 años ha dedicado una gran parte de su vida a investigar y esclarecer la muerte de su padre, el general López-Pinto tras conocer la misión reservada del capitán Vives telefoneó a Queipo de Llano para pedirle su relevo en Cádiz y le mandara a una unidad del frente.

Semblanza de Tomás de Azcárate

Jesús Núñez • DIARIO DE CADIZ •16/08/1999

 

 

 

Zafra, espejo del Holocausto

Montse Armengou y Ricard Belis

Noche del 7 de agosto de 1936. Las tropas rebeldes se encuentran a pocos kilómetros de Zafra. Han tomado sin apenas resistencia el pueblo más cercano, Los Santos de Maimona, en la carretera general entre Sevilla y Badajoz.

Zafra está paralizada por el pánico, a oscuras. Solo las campanadas de la iglesia dan apariencia de normalidad. Desde el Ayuntamiento, el alcalde socialista José González Barrero prepara la evacuación.

Con la primera luz del alba, dos coches blindados de aspecto terrorífico avanzan hacia Zafra; uno lleva pintado en el capó un corazón de Jesús y el otro, la cara de Azaña con dos cuernos.

Los siguen soldados de Regulares y legionarios capitaneados por el comandante Antonio Castejón. Marchan marcando el paso y seguros de que la entrada en Zafra será otro paseo militar. No encuentran ninguna oposición y, al llegar al Ayuntamiento, Castejón nombra una junta gestora.

Antonio Castejón Espinosa, uno de los carniceros de Extremadura, ya ascendido a coronel

Su primera tarea marcará el terror que imperará en Zafra durante los meses siguientes: Castejón ordena que se haga una lista de gente significada de la izquierda, con unos setenta nombres (el uno por ciento de la población), para ser fusilados el mismo día. De nada sirve que en la localidad no haya habido ni una víctima de derechas durante el dominio republicano.

La lista

Tras su elaboración, la lista se expone en una habitación y los habitantes de derechas pueden entrar y tachar el nombre que crea oportuno. Pueden efectuar hasta tres tachaduras, pero, para eliminar unos, hay que reemplazarlos por otros nuevos, con el fin de mantener siempre el mismo número. Hay un tira y afloja.

Ayuntamiento de Zafra

El párroco Daniel Gómez Ordóñez trata de sacar el máximo número posible de nombres. Finalmente quedan 48. Poco a poco, los ocupantes realizan las primeras detenciones; en muchas plazas hay grupos de presos, todos con las manos en alto. A las 12.00 horas del mediodía, la columna de Castejón se prepara para dejar Zafra. Los militares abandonan la localidad por la misma carretera por donde han entrado siete horas antes. Los sigue una larga hilera de 48 reos.

En grupos de siete

En las afueras comienzan los fusilamientos: los matan en grupos de siete, de modo que el resto de los detenidos vea lo que les espera. A cada trecho fusilan un grupo y la carretera que une Zafra con Los Santos de Maimona queda sembrada de cadáveres.

Mientras, en Zafra continúa la represión, ahora a cargo de la Junta Gestora y de los militares que se han quedado allí. En los primeros meses de ocupación, eliminarán a más de 200 personas en un pueblo de 7.000 habitantes, caracterizado por no haber tenido ni una sola víctima de derechas durante la Segunda República.

 

La matanza de Badajoz y la bendición eclesiástica

La violencia se extendió por pueblos y ciudades. Fueron asesinadas personas que destacaron por su compromiso político -militantes, sindicalistas, alcaldes, diputados-, pero también otras que no tenían ninguna opción ideológica definida -maestros, militares demócratas comprometidos con el juramento de fidelidad a la República-.

Y lo que es peor: miles de personas, sobre todo mujeres, cuyo único delito era su relación con alguien comprometido y buscado por rojo (un concepto vago y amplio que, desde la óptica franquista, era la esencia de todos los males). La cuestión era exterminar al enemigo, a sus descendientes o su entorno: es decir, a quien hubiera tenido relación con él. Esta sería la única manera de liquidar a las capas más ideologizadas de la sociedad e impedir que volviesen a levantar cabeza. En síntesis, se iba a dar la vuelta por la fuerza a las elecciones y para siempre.

No obstante, deben diferenciarse dos etapas distintas. La primera corresponde a los meses iniciales de la guerra, período que se ha llamado terror caliente -expresión del historiador Julián Casanova-, cuando no existía ninguna preocupación para disimular la violencia contra el enemigo, sino que se presumía de su exterminio. Una segunda etapa se inició en la primavera de 1937, la del terror legal, a partir del eco internacional que alcanzó la matanza en la plaza de toros de Badajoz, en agosto de 1936.

El 14 de agosto de 1936 las tropas nacionales tomaron esta ciudad y se repitieron las habituales escenas de terror, con la salvedad de que miles de personas, entre 4.000 y 9.000 (la desaparición de archivos impide cuantificar las víctimas), fueron asesinadas sin juicio alguno en la plaza de toros con metralletas.

El general Juan Yagüe justificó la masacre como una necesidad logística: "Naturalmente que los hemos fusilado -dijo a un corresponsal estadounidense- ¿Pensaban que me llevaría conmigo a 4.000 rojos mientras mi columna avanzaba luchando contrarreloj? ¿Debía dejarlos en libertad a mis espaldas permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?" Pero el inesperado eco del episodio por la presencia de corresponsales extranjeros marcó un punto de inflexión para los franquistas.

Los periodistas fueron duramente presionados para que cambiasen sus crónicas, sin éxito, y en adelante los franquistas se vieron obligados a disimular. Además, algunos sectores que habían apoyado el golpe -en el ámbito estatal e internacional- empezaron a sentirse incómodos con tanta sangre.

Se inició así otra fase, en la primavera de 1937, que Casanova ha calificado como de terror legal. No se dejó de reprimir a la población, pero los paseos y fusilamientos sin trámite dejaron paso a juicios sumarísimos -simulacros de justicia- sin ninguna garantía legal. Las víctimas pasaron así de la categoría de desaparecidos a la de ajusticiados.

Finalmente, con su decisivo apoyo, la jerarquía eclesiástica española legitimó tales represalias y las relegó a un segundo plano, ante la nobleza de ideales que atribuyó al bando franquista. Recordemos al respecto la difusión de la célebre carta pastoral firmada por casi todos los obispos de España, dada a conocer en julio de 1937, que convertía la sublevación en una Cruzada y justificaba la represión como único modo de evitar un mal mayor.

El papa Pío XII, el mismo que se inhibiría de denunciar la persecución nazi contra los judíos, redactó, en abril de 1939, una pastoral que alababa a Franco por "conducir a España por el seguro camino de su tradicional y católica grandeza". La responsabilidad de la Iglesia española en la represión no tiene parangón en ningún otro país, pues bendijo el golpe y, al hacerlo, también el holocausto que comportó.

Avance capítulo "Las Fosas del Silencio" (127 Kb)

 

 

Montse Armengou y Ricard Belis. Las Fosas del Silencio. Revista Clío / Plaza & Janés 2004

 

 

Constituido el Comité que coordinará las actuaciones de la Junta de Andalucía para la recuperación de la memoria histórica

Europa Press/Sevilla/29 de junio de 2004 - El secretario general de Relaciones con la Administración de Justicia, Carlos Toscano, presidió hoy en Sevilla la constitución del comité técnico que se encargará de la coordinación de las actuaciones para la recuperación de la memoria histórica de la Guerra Civil y la dictadura franquista.

En un comunicado remitido a Europa Press, la Consejería de Justicia informó de que este comité, en el que participan representantes de las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica y expertos universitarios en la materia, tendrá como objetivo la propuesta de las actuaciones concretas que se vayan a desarrollar. En este órgano también estará presente el fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), Jesús García Calderón, entre otros.

Según la Consejería, las actuaciones que se llevarán a cabo pretenden ofrecer un "reconocimiento institucional y social de las personas que fueron asesinadas y hechas desaparecer en Andalucía durante la contienda civil española y la dictadura".

La Consejería de Justicia explicó que estas acciones se recogen en el decreto aprobado el pasado año por el Gobierno andaluz que establece las medidas de coordinación y apoyo necesarias para, entre otros objetivos, hacer posible la recogida de testimonios de familiares, estudiar y esclarecer hechos que aún permanecen olvidados o confusos y localizar fosas comunes para la posible exhumación y traslado de los restos de las víctimas, así como promover su reconocimiento público mediante la construcción de monumentos conmemorativos.

De acuerdo con estos fines, se convocaron distintos tipos de ayudas y subvenciones dirigidas a entidades locales, universidades y asociaciones que desarrollan trabajos en torno al restablecimiento de la memoria y la dignidad de las víctimas de la represión franquista, a lo que la Junta tiene previsto destinar a ello 300.000 euros durante este año.

Asimismo, Justicia informó de que la Administración autonómica tiene previsto prestar la cobertura técnica necesaria para el descubrimiento de las fosas comunes, fundamentalmente a través de la participación de los institutos de Medicina Legal de la Administración de Justicia.

 

Cortijo de El Marrufo (Jimena de la Frontera)

 

 

La matanza de El Marrufo

Rafael Sánchez Machuca vio, cuando apenas tenía seis años, la masacre que cometieron el ejército franquista y los falangistas en el cortijo de El Marrufo en 1936 con los hombres, mujeres y niños que habían detenido en la Sauceda. Cree que en la provincia quedan por descubrir muchas fosas comunes de fusilados

G. Ortega / Europa Sur-Algeciras.

Rafael Sánchez Machuca tiene 73 años pero su cabeza sigue estando muy bien amueblada. Tanto como para acordarse de algo terrible que pasó cuando sólo tenía seis y que vivió en primera persona: la entrada del ejército franquista y de fuerzas de la Falange en el cortijo El Marrufo. Aunque lo peor no fue que entraran, sino la masacre que desencadenaron inmediatamente después con aquellos civiles.

Es largo de contar, pero lo hizo muy bien J. Carlos Perales Pizarro en este mismo periódico el pasado domingo. Resumiéndolo mucho, en la capilla de ese cortijo se encerraron a mujeres y niños previamente apresados en la aldea próxima de La Sauceda, que fue exterminada. Muchas mujeres fueron fusiladas después de que las pelasen al cero y las violasen.


Muy cerca de esa capilla, agrega Perales, existe una pequeña pendiente donde están enterradas esas mujeres. Es, probablemente, la mayor fosa común de la provincia.

Rafael Sánchez estaba allí. "Mi padre, que era un campesino que nunca se había metido en nada, huyó a refugiarse en la zona republicana, y también lo hizo un hermano mayor. Mis otros nueve hermanos, mi madre y yo fuimos trasladados unos veinte kilómetros, con una yegua y una mula. Nada de ir en camiones, como se ha dicho".

El falangista

Era muy pequeño y estaba asustado. Mucho tiempo después, este residente en la Estación de San Roque -lleva allí cuatro décadas afincado- aún recuerda a un falangista disparando a un campesino desarmado. "Llevaba una pistola y un cigarrillo colgando de los labios. Cuando vio que yo apartaba la mirada, sonrió de forma despectiva".

Sánchez Machuca está convencido de que, además de la fosa común de El Marrufo, hay varias más en la provincia, una de ellas cerca de Facinas. Y por supuesto ve muy bien cualquier iniciativa encaminada a que se recupere la memoria histórica. Si no una recompensa, los herederos de quienes perdieron esa cruenta guerra merecen al menos que se les devuelva la dignidad arrebatada.

Lo que Sánchez Machuca no tiene muy claro es que el régimen franquista se fuera abriendo con los años. De hecho, recuerda que a finales de los sesenta estuvo a punto de sufrir una larga condena porque le quitaron un papel que hablaba de "Franco y la bebida". "Decía que en España era el Soberano, que se casó con La Asturiana... En la prisión, menos mal, lo rompió un hombre del que luego supe que estaba en Comisiones Obreras", rememora.

Europa Sur Digital

 

 

El Marrufo, fosa común

En la capilla del cortijo de El Marrufo se encerraron a las mujeres y los niños apresados en la aldea de La Sauceda. Muchas de ellas fueron fusiladas después que las pelasen al rape y las violasen los franquistas.

J. Carlos Perales Pizarro. Investigador

Recientemente hemos conocido la existencia de una fosa común correspondiente al año 1936 en el Cementerio de El Bosque. En ella, se encontraban enterrados vecinos de algunas poblaciones de la Sierra, que fueron fusilados.

Las noticias sobre fosas comunes pertenecientes a la Guerra Civil se disparan; las asociaciones encargadas de la recuperación de la Memoria Histórica acumulan datos e informaciones; la Administración andaluza, con un valiente decreto, ampara a dichas asociaciones y familiares para que después de tantos años estas personas tengan al fin el reconocimiento que se les adeuda.

Es mi intención, desde aquí, modestamente, contribuir a esta noble tarea de saldar una deuda con la historia, una deuda con todos aquellos que, en definitiva, murieron por defender la sociedad que hoy tenemos.

Actualmente investigamos la represión que se dio en Alcalá de los Gazules durante la incorrectamente llamada Guerra Civil. Entre los documentos y los testimonios a los que he tenido acceso, me he encontrado con reiteradas informaciones que hablan de la toma de La Sauceda de Cortes de la Frontera, que aunque es provincia de Málaga, está muy próxima a Alcalá de los Gazules y muchas de las personas que hoy viven en Alcalá procedían de allí. Es, además, un lugar impresionantemente bello. La masacre cometida en aquel pequeño poblado fue tremenda. Quiero hacer mención a un lugar muy próximo a La Sauceda y directamente relacionado con ella: el cortijo El Marrufo.

Antes de la toma del poblado, las fuerzas del Ejército, Falange y demás especímenes de la represión tomaron El Marrufo, donde se ubicaba un destacamento de republicanos. Este precioso cortijo, con capilla incluida, situado en el término municipal de Jerez, era propiedad de uno de los mayores terratenientes de la comarca y actualmente pertenece a otro señor de la misma ciudad. Se cuenta en el lugar que su antiguo dueño podía ir desde Jerez a El Marrufo sin pisar tierra ajena.

Una vez tomado el cortijo del Marrufo, su propietario lo cedería a las fuerzas franquistas para cuartel y, probablemente, lugar o centro de tortura y detenciones. Fue tomado por tropas de Falange, Guardia Civil, Ejército y demás voluntarios de las Milicias, al mando del teniente del Instituto Armado José Robles, quien había salido de Ubrique, camino de la aldea de La Sauceda, a primeros de noviembre de 1936.

En la "Historia del Movimiento Liberador de España en la provincia gaditana", publicado en Cádiz en 1944, Eduardo Julia Téllez, cronista de la Diputación Provincial, nos relata de esta manera la liberación de Alcalá de los Gazules: "El 31 de octubre, fuerzas del Batallón de Milicias del Puerto de Santa María, destacadas en este pueblo, acompañadas de los falangistas y voluntarios, emprenden una marcha hacia el lugar conocido por Puerto Galis, consiguiendo tras larga lucha vencer la resistencia de los elementos marxistas y establecer contacto con la columna que llegaba de Jerez de la Frontera mandada por el Marqués de Casa Arizona. La operación, como decimos, fue verdaderamente dura, pero se consiguió, con la ayuda también de la aviación, que tomó parte en ella, poner en fuga a los que allí se habían hecho fuertes y aprisionar a muchos de ellos".

"Después de vencer grandes obstáculos esta misma columna, con la que también actúan falangistas y requetés de Algar, y Regulares, se apoderan del cuartel marxista instalado en la hacienda denominada El Marrufo, continuando el avance hasta adueñarse de la Aldea de La Sauceda de Cortes, destruyendo los reductos rojos y haciéndose numerosos prisioneros, que son llevados a distintas cárceles. Al día siguiente, cumplidos los objetivos señalados por el mando, regresa la columna a su punto de procedencia, habiendo conseguido despejar el justo ambiente de temor creado por la proximidad de los revoltosos que amenazaban constantemente no solo la población de Alcalá, sino sus alrededores".

"Todavía quedaron diseminados algunos elementos por distintos lugares de las cercanías, pero con todos estos fueron acabando los falangistas, haciéndolos prisioneros, libertando a las personas que tenían secuestradas y, como ya decimos, haciendo que por fin reinara la más absoluta tranquilidad".

También en el Diario de la Falange de Alcalá de los Gazules encontramos referencias claras al respecto:
"En la mañana siguiente establecimos contacto con otra columna que al mando del Teniente de la Guardia Civil D. José Robles había salido de Ubrique y que ocupó el cortijo de El Marrufo; partiendo todos en dirección a La Sauceda donde ya habían entrado las columnas mandadas por el comandante Hidalgo, integradas por un tabor de regulares y la Falange de Cádiz mandada por el camarada Manuel Mora Figueroa, que había salido de Jimena de la Frontera. Hubo poca resistencia del enemigo en la operación pues al iniciar la aviación (tres aparatos) su ataque, cundió el pánico en las filas marxistas y sólo quedó que hacer operaciones de limpieza durante todo el día y recuperación de un inmenso número de cabezas de ganado de todas clases que previamente habían sido robadas de todas estas campiñas por los rojos".

"En este día empezaron a llegar al pueblo mujeres y niños huidos de los rojos y no fue pequeña la tarea que se presentó a los Milicianos y Falangistas que no asistieron a la operación, los que por sus años no eran aptos para ello, para darles alojamiento y procurando facilitarles ropas, todos venían chorreando, y alimentos, habilitando la antigua casa Ayuntamiento para habitación y comidas los comedores de la Falange".

Entre los documentos de los milicianos encontramos referencias claras de sus declaraciones juradas, de sus solicitudes de ingreso en la Falange, de sus méritos alegados: "Desde su comienzo, presté todos cuantos servicios me encomendaron los Jefes, tanto en la localidad, en otras y por el campo, recuperando personas, ganado, granos, comestibles, carbón, etc, y más de una sola vez sostuve tiroteos para llevar a cabo estos servicios que me encomendaban; fui voluntario al término de Conil en operación de limpieza y también estuve en Barbate el mismo día que estaba bombardeando el Churruca.

Formé parte de la columna que se reclutó en esta al mando del capitán D. Antonio Fernández Salas, saliendo para el Puerto de Galis a unirse a la que mandaba el Comandante Arizona y que tenía por misión la toma de varios cuarteles, destacamentos de rojos y la toma de la aldea 'La Sauceda'. Como sargento de caballería de la columna, formada en esta, debo hacer constar que fui siempre a la cabeza, llegando el primero a los sitios señalados por el mando. Conduje en varias ocasiones y bajo mi responsabilidad armamentos y municiones para la defensa de esta población y de destacamentos formados en sitios estratégicos de este término; hice captura de rojos y conduje a detenidos a otras poblaciones. Fui al mando de voluntarios milicianos para su incorporación a La Línea de la Concepción".

Otros voluntarios alegan, entre sus méritos, lo siguiente: "...como miembro de las milicias ciudadanas, prestó los servicios que le fueron encomendados y en la noche de la toma de La Sauceda, formó parte de las patrullas voluntarias que se organizaron para la vigilancia de esta ciudad, por ausencia de fuerzas que habían acudido a la Sauceda (...) voluntario a la toma de La Sauceda, a la colonia de Campano y a Roche y este día al tener noticias del bombardeo de Barbate ordenó la superioridad que fuéramos para prestar auxilio a la población e innumerables veces recorridos a todo el término acompañando a la Guardia Civil y Carabineros para sofocar los focos rebeldes que quedaban"

Las referencias son claras. Evidente es la responsabilidad de las autoridades militares y civiles, en unión de los voluntarios de Falange, requetés y milicianos.

Los recuerdos que de aquellos días se tienen son también bastante elocuentes: camiones cargados de todo: enseres, muebles, comestibles, ganados de todas clases y personas llegaban al prado, procedentes de la Aldea de La Sauceda, que literalmente había sido barrida, exterminada. Desde allí fueron conducidos prisioneros, probablemente las mujeres y niños en camiones, los hombres a pie, hasta el cortijo de El Marrufo. En su capilla, que aún hoy se conserva, y que podéis ver en la foto, se encerraron a las mujeres y los niños. Algunas mujeres recuerdan aún cómo fueron peladas a rape muchas de ellas y cómo, durante las noches y madrugadas, algunas eran sacadas de la capilla para ser fusiladas. Otras para ser violadas y posteriormente también fusiladas.

Allí mismo, muy cerca de la capilla, tras unas naves que aún hoy se conservan, existe una pequeña pendiente; allí en esta pendiente, en tiempos pasados presidida por una cruz de hierro, se encuentra la fosa donde estas inocentes fueron enterradas. Allí, aún hoy, están los restos de aquellas mujeres y de sus hijos.
Probablemente estemos ante una de las fosas más numerosas de la provincia. Algunos vecinos del lugar se atreven a dar cifras de hasta varios centenares de muertos. En el cuartel situado cerca de la actual venta de Galis se encontraría la fosa donde fueron enterrados los hombres conducidos hasta allí. Los vecinos del lugar lo conocen como "la majá (majada) de los muertos".


La Junta de Andalucía ha dado un paso importantísimo con el decreto aprobado. Ahora, más que nunca, es necesario que lo que mantiene ese decreto se lleve a la práctica. Las asociaciones para la recuperación de la memoria histórica deben hacer un ejercicio de responsabilidad y evitar el partidismo. Todos los muertos son nuestros muertos.


"Recuérdalo tú y recuérdalo a otros
Cuando asqueados de la bajeza humana,
cuando iracundos de la dureza humana:
Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros."
Luis Cernuda, 1936

General Queipo de Llano:

"Id preparando sepulturas"

Discurso del 23 de julio de 1936:

"Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas¡ Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciéreis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad".

"¿Qué haré? pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré".

"Nuestros valientes legionarios y Regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre?. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen (...)

"Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar".

 

 

 

Las fosas de Órgiva

Un auténtico matadero humano con entre 2.300 y 5.000 víctimas

"Las matanzas de Órgiva eran llevadas a cabo por la Brigada Criminal de Murcia, formada por unos 15 guardias civiles que imponían el pánico y el terror." (Órgiva, hitos de su historia. Juan González Blasco)

El catedrático de Economía de la Universidad de Granada Juan González Blasco, cronista de Órgiva, calcula que en la fosa de El Carrizal fueron fusiladas y enterradas en "cal gruesa viva" unas "5.000 personas". El aparato represor de los franquista convirtió este bello pueblo alpujarreño en una zona de exterminio de republicanos, sin diferencias de edad, nivel solcial o sexo.

El hallazgo de los restos no fue fortuito. Miembros de ARMH en Andalucía se acercaron al lugar el sábado por la mañana para comprobar el estado de una zona en la que el Ministerio de Fomento viene realizando movimientos de tierra para colocar muros de contención, que eviten la llegada de deshechos al pantano de Rules, en las estribaciones de Sierra Nevada. Hasta el momento se han edificado dos diques sobre los terrenos de El Carrizal y está previsto construir siete más.

La ARMH había recibido la queja de algunos vecinos porque no se respetaba una zona que siempre se ha considerado como el "segundo cementerio de Órgiva" y una de las mayores fosas de la Guerra Civil, donde habría miles de republicanos enterrados, tras ser capturados y fusilados en su huida hacia La Alpujarra procedentes de la costa de Málaga.

"Tras el chivatazo, hablamos con personal de la obra y nos confirmaron que sabían que había una fosa, pero que habían mirado para otro lado", explica Cecilio Gordillo, vocal de exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en Andalucía.

Por el pueblo corrió la voz de que los operarios estaban encontrando huesos y restos humanos, que hacían desaparecer. Pero nadie lo denunció en el juzgado. "Es que los operarios tienen miedo ¿sabe? Porque entonces se paralizan las obras y se quedan sin trabajo", les disculpaba la semana pasada una vecina que no quería que se citara su nombre.

Por eso, ya a principios de julio, la propia asociación, así como el grupo municipal socialista, que está en la oposición, solicitaron al Ayuntamiento de Órgiva (gobierno PP), a la Consejería de Justicia de la Junta de Andalucía, a la Subdelegación del Gobierno en Granada y al propio Ministerio de Fomento que intervinieran para paralizar las obras y hacer una excavación arqueológica que permitiría, en su caso, exhumar los restos que se encontraran, como ya se ha hecho en otras zonas de España. Incluso pidieron el amparo al Defensor del Pueblo Andaluz, José Chamizo, quien admitió a trámite su queja y ha iniciado una investigación.

Ante la falta de respuesta del Ministerio, los miembros de la asociación decidieron acudir al lugar. "Vimos que las obras habían afectado a gran parte del paraje", relató el sábado Gordillo. "Los movimientos de tierra barrieron un camino que subía por el barranco hasta una cruz, que según nos cuentan en el pueblo, habían colocado familiares de los fusilados".

Allí mismo fue donde decidieron excavar. "Pero fue prácticamente con las manos, porque la tierra estaba suelta. Estuvimos batiendo y fueron apareciendo los restos". relató. Lo siguiente fue poner una denuncia ante la Guardia Civil. Gordillo se quejó de que no apareciera el juez de guardia, aunque sí lo hizo el forense Fernando Méndez, quien certificó que se trataba de restos humanos, con "más de 20 años" e hizo hincapié en que, por lo tanto, había prescrito el delito.

"Nosotros no perseguimos culpables", explicó ayer Cecilio Gordillo Giraldo. "Queremos que se haga un trabajo sistemático de reconocimiento de estos lugares, sin más pretensión que el respeto a las familias".

Fusilamientos
El catedrático y escritor orgiveño Juan González Blasco, relata en su obra 'Órgiva, hitos de su historia', que el barranco El Carrizal «es un lugar de crímenes y muertes que nunca deberían haber sucedido. Este paraje situado junto a la carretera Órgiva-Lanjarón sería el lugar designado para fusilar a cientos de personas contrarias al bando nacional y un verdadero río de sangre corrió por él".

En la parte de arriba del barranco, encima del actual puente, hay 149 personas fusiladas y entre ellos, una mujer conocida en Órgiva por Nicolasa, que era madre de 11 hijos.

"Nicolasa fue ejecutada allí mismo, junto a su marido y su hijo mayor, quedando huérfanos los restantes diez niños. En la parte de abajo, es decir, a la izquierda de la carretera con destino a Lanjarón, es imposible cuantificar el número de personas a las que quitaron la vida".

Un pastorcillo de Las Barreras, Simón Pérez Rodríguez, que aún hoy vive, recuerda que siendo niño, a diario pasaba un camión lleno de criaturas, "...con 70 ó 80 personas, procedentes de pueblos de la Alpujarra. Al rato se oía el tiroteo de las pistolas. Así un día y otro. Hay miles y miles de personas fusiladas y también otras personas que vivían en Las Barreras, pueden dar fe de ello".

Cabras y disparos
«Yo entonces -prosigue con su relato Simón Pérez- tenía tan sólo nueve años, pero recuerdo cuanto vi como si hubiese pasado ayer. Veía aquellas masacres... Cómo sería aquello que hasta las cabras se acostumbraron al sonido de los disparos y seguían comiendo cuando sonaban. Las ejecuciones se realizaban por la mañana temprano, cuando pintaba el día. A los presos se les ponía en fila encima del cerro», detalla.

Después de las descargas de fusilería, «vecinos de Órgiva que cobraban por ello, se encargaban de echar los cuerpos en fosas comunes, y de echarles cal viva para borrarlos aún mas del mapa», explica Simón Pérez.

El catedrático y escritor orgiveño, Juan González Blasco, que se ha basado en testimonios como el de el pastor del Carrizal para escribir "Órgiva, hitos de su historia" , acompañó ayer a su amigo Simón hasta el paraje en cuestión, y volvió a reclamar medidas para dignificar el lugar. «Corresponde a las autoridades de Órgiva tomar una buena decisión para el Carrizal. Yo no soy político y no me gusta que este tema se politice. Lo que sí creo conveniente es que se puede conciliar las obras públicas con la memoria histórica de este paraje. Hay que rescatar esa memoria y adecentar el lugar sin más demora», pidió el investigador González Blasco.

El "Segundo cementerio de Órgiva"

La fosa de El Carrizal siempre ha tenido fama de ser muy importante, aunque no hay documentación que acredite cuántas personas exactamente pueden estar enterradas en ella. Todos los cálculos están basados en relatos de la gente de los pueblos de La Alpujarra, entre los que aún quedan testigos vivos.

El Barranco de El Carrizal de Órgiva, según el historiador Juan González Blasco, «era un auténtico matadero y cementerio de seres humanos, procedentes de los pueblos de la Alpujarra".

Como Simón Pérez, de 76 años, quien todavía recuerda la imagen de los camiones que llegaron cada día, desde agosto de 1936, al inicio de la Guerra Civil, cargados con hombres, mujeres y niños, y que él veía desde lo alto del barranco, donde acompañaba al pastor que cuidaba las cabras de su familia. "Los veía echar a la gente abajo [de los camiones], amarraicos. Los mataban a tiros y caían rodando, abajo a la zanja. Luego les echaban cal gruesa viva", explicaba el pasado jueves en su casa de Órgiva. "No tengo miedo a decirlo, porque es la verdad".

Su testimonio y el de al menos una decena de vecinos del municipio le ha valido a Juan González Blasco, autor del libro "Órgiva, hitos de su historia", para calcular que en el lugar estarían enterradas "unas 5.000 personas", de las que unas 350 eran personas "con nombre y apellidos" de los pueblos de La Alpujarra. "Sólo en la calle Polo, donde nací, de pocos metros, hay 10 fusilados", indica.

En la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Andalucía calculan que la cifra puede ser menor, entre 2.300 y 2.500. "El barranco de El Carrizal está justo enfrente de la Sierra de Lújar, donde se refugiaba el bando republicano", cuenta Francisco Navea, vocal jurídico. "Cogían a la gente de Málaga, de la zona, e incluso de Alcalá La Real, en Jaén, y la traían. Los fusilaban ahí mismo, delante de los combatientes republicanos, para que les vieran y se desmoralizaran".

«Las ejecuciones se hacían temprano»

Rafael Vílchez / Órgiva. Simón Pérez Rodríguez tiene 76 años y conoce el Barranco del Carrizal, en Órgiva, como la palma de su agrietada mano. De chico pastoreaba cabras por aquel paraje y, según afirma, fue testigo del fusilamiento de personas que habían sido detenidas por las tropas de Franco durante la Guerra Civil. «Llegaban camiones cargados de republicanos y gente de izquierdas. Venían amarrados y humillados y eran fusilados por la escuadra negra franquista. Después los remataban con pistolas y puñales», rememoraba ayer el pastor del Carrizal, que es como le dice la gente de la Alpujarra, en el lugar de los hechos.

Su declaraciones confirmarían que bajo la tierra y las piedras del Carrizal, lugar que ha elegido el Ministerio de Fomento para levantar un dique, puede haber un verdadero cementerio fantasma, una posibilidad que ha animado a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica a exigir a las autoridades una investigación arqueológica con todas las garantías.

El PP, que gobierna Órgiva, y el PSOE -manteniendo sus diferencias- también ha coincidido en la necesidad de recuperar los cuerpos que pudiera haber y de dignificar la zona.

El delito de "auxilio a la rebelión"

Haberse mantenido fiel a la República durante la Guerra Civil fue considerado, a partir de 1940, después de la victoria del general Franco, un delito de "auxilio a la rebelión". Miles de españoles pasaron años y años en la cárcel por esa falta, otros tantos murieron fusilados. Los juicios sumarios que precedieron a la prisión o la muerte no han sido anulados. Los expedientes reposan en archivos civiles y militares junto a otros detalles de la represión. Por eso el PSOE ha presentado en el Congreso una proposición no de ley para que se anulen esos fallos.

Según los datos de los investigadores socialistas, más de 500.000 personas sufrieron prisión y otras 150.000 murieron fusiladas. Con ellos, y especialmente con sus familiares, dice la proposición, la "democracia tiene una obligación moral, pero también jurídico-política". "Que los rebeldes contra la República condenaran por el delito de auxilio a la rebelión a quienes se mantuvieron fieles a las leyes y a los principios constitucionales es algo más que un sarcasmo, fueron actos cuyo caparazón pseudo-jurídico debe ser destruido, aunque lo sea a posteriori. Y lo ha de ser desde la legalidad democrática por fin recuperada", añade la iniciativa, promovida por la diputada Amparo Valcárcel. Los socialistas recuerdan que un caso muy similar, el de la persecución ideológica y moral de la Alemania nazi, se promulgó una ley específica para derogar los "fallos injustos" de los tribunales nacionalsocialistas.

La iniciativa dice basarse en el espíritu de otra aprobada por unanimidad en el Congreso el pasado 20 de noviembre de 2002 en la que se condenaba por primera vez el franquismo y se ofrecía ayuda a los familiares de los asesinados enterrados en fosas comunes para que recuperen sus restos.

Sin embargo, los familiares se quejan de que apenas están recibiendo ayuda oficial. Las fosas se siguen abriendo, con cuentagotas, gracias a vecinos, voluntarios internacionales y el empeño de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que poco a poco ha ido ampliando sus miembros -ya llega a unos 250- y ha logrado recuperar más de 200 cuerpos.

Pero la labor, según confiesa Santiago Macías, portavoz de ARMH, les supera. Tienen más de 2.000 peticiones en toda España. Y sólo algunos gobiernos autonómicos, como Extremadura, País Vasco, Asturias o Cataluña, han anunciado su intención de echar una mano. Casualmente, en ninguno de ellos gobernaba el PP.

La asociación pide al menos el mismo trato que los militares de la División Azul fallecidos en las heladas estepas rusas. El Gobierno ha gastado ya 130.000 euros en recuperar 1.162 cadáveres de estos soldados y en honrar su memoria a través de un cementerio en Pankovska (Rusia).

Más info: IdealDigital de Granada

 


Los 1005 de los Pozos de Caudé (Teruel)

Una historia en espera de final

Una iniciativa cívica para localizar, rescatar y honrar la memoria de miles de personas asesinadas durante y después de la Guerra Civil saca a la luz uno de los episodios más crueles y ocultos de la reciente historia de España. Eduardo Martín de Pozuelo

Julio, agosto, septiembre de 1936... El silencio de la noche se rompía con el sonido lejano de los camiones que paraban cerca de una vieja venta ruinosa situada frente a Concud, un pueblecito semioculto en una hondonada a pocos kilómetros de Teruel. Luego, unas voces, unos gritos y una salva de disparos cuyo eco enlazaba con el brusco sonido de unas detonaciones aisladas. Dos, tres, cuatro y hasta diez en alguna ocasión. De nuevo el silencio y al rato la brisa nocturna acercaba hasta Concud el rumor de los camiones que se alejaban.

Aquella escena sonora se repitió noches tras noche durante varios meses, desde julio de 1936 hasta diciembre de 1937. No muy lejos de la venta, un labrador de Concud apuntaba en un cuaderno los tiros que oía con la certeza de que cada palote que trazaba en su libreta representaba una muerte. "Apunté alguno más de mil", dijo el hombre, 35 años después, a Volnei y Jaurés Sánchez, dos viejos socialistas turolenses cuya madre y hermana hicieron el último viaje de su vida en uno de aquellos camiones. Allí las mataron, allí les dieron el tiro de gracia -un trazo en la libreta del labrador- y allí arrojaron sus cuerpos al pozo de la venta. Ellas, María Pérez Macías y su hija Pilar, son dos de las 1.005 personas fusiladas y rematadas cuyos restos reposan en los llamados pozos de Caudé.

84 metros

La vieja venta, hoy inexistente, se levantaba junto a un pozo de 84 metros de profundidad y algo más de dos de diámetro que se encuentra en el kilómetro 126 de la N-234 de Sagunto a Burgos; es decir, al lado de Teruel, camino de Zaragoza. El pozo, uno solo y que se ubica en las proximidades de Concud, es paradójicamente denominado con el nombre de Caudé, otro pueblo vecino pero más alejado que el primero.

Los dramáticos sucesos acaecidos en aquel lugar han permanecido ocultos pero no olvidados durante sesenta años. Ahora, parientes de las víctimas, con la colaboración de los herederos ideológicos de aquellos fusilados, se han empeñado en recuperar su memoria, sumándose, quizá sin saberlo, a una imparable corriente que intenta contar de nuevo la reciente historia de España tal como fue y por dolorosa que ésta sea. Un camino iniciado hace dos años cuando Emilio Silva, nieto de un simpatizante de Izquierda Republicana que era propietario en Villafranca del Bierzo de una tienda de coloniales a la que puso de nombre La Favorita, decidió buscar los restos de su abuelo al que mataron de un tiro en la nuca, la madrugada del 16 de octubre de 1936 en un paraje cercano a Priaranza (León).

"Ni la tierra los quiere"
La reconstrucción de las últimas horas sufridas por Emilio Silva -abuelo, hijo y nieto llevan el mismo nombre- fue el desencadenante de que otros familiares de personas desaparecidas en similares circunstancias a las del dueño de La Favorita iniciasen su búsqueda, dando paso así a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) con el objetivo de centralizar datos sobre muertes -unas 30.000 probablemente- y enterramientos clandestinos habidos durante aquel triste periodo de nuestro pasado.

De ese modo, este verano, los arqueólogos de la ARMH localizaron en Piedrafita de Babia (León) la fosa donde estaban enterrados 37 republicanos fusilados el 5 de noviembre de 1937. Entre ellos aparecieron los restos del teniente Víctor Pérez Poveda. Su hijo, Manuel, pudo recuperar a su padre en aquel mismo lugar donde 65 años atrás el cura del pueblo exclamó que "a esos rojos ni la tierra los quiere" cuando casualmente un perro desenterró parcialmente un cuerpo.

"Sin odios, ni revancha. Sólo aspiramos a que se cuente lo que pasó tal como fue", dijo Emilio Silva. "España ha cambiado. Por favor, que nadie politice nuestro deseo de buscar a mis familiares, de averiguar qué sucedió y recuperar para todos la memoria de cuantos murieron como mi madre y mi hermana", rogó, literalmente, Jaurés Sánchez.

Emilio y Jaurés no se conocen pero les une el mismo deseo emocional de honrar a sus seres queridos. En ninguno de los dos se percibe el rencor. Ni en ellos, ni en los familiares de otros desaparecidos con los que "La Vanguardia" ha hablado. La coincidencia se extiende al argumentar, e incluso justificar, el porqué de sus acciones. José Manuel Conejero, representante de CNT en Teruel y uno de los impulsores de la futura Fundación Pozos de Caudé, lo resume así: "Nadie puede negar que en la guerra se cometieron barbaridades en ambos bandos, en ambas retaguardias. Hubo asesinatos cometidos por nacionales y por rojos. Pero sólo se han contado los de un lado. No es justo que en la España democrática haya personas que no sepan dónde están los restos de sus padres o de sus abuelos".

Así es en Caudé. No se conoce la identidad de la mayoría de los mil muertos arrojados al pozo. De hecho, se cuentan por centenas las familias habitantes en pueblos o caseríos de la zona que no saben a ciencia cierta dónde se hallan los restos de aquel familiar que un día de 1936 se lo llevaron para no volver jamás. Las hay de Teruel capital, de Santa Eulalia, de Gea de Albarracín, de Villarquemado, de Concud, de Caudé, de Dos Torres, de Las Cuevas y de muchos más lugares.
Volnei y Jaurés son de los pocos que han logrado averiguar algún dato respecto a lo sucedido a su propia familia. Al menos ellos saben con certeza que su madre y su hermana reposan en ese punto y también conocen, por pura casualidad, cómo se produjo la muerte de Pilar.

Falangistas: Represalias contra la familia
El 18 de julio del 1936, Ángel Sánchez, labrador, socialista, padre de Pilar, Volnei y Jaurés estaba en la siega fuera de la ciudad. Al conocer el triunfo del alzamiento y temiendo por su vida, dada su conocida condición de rojo, se ocultó, librándose temporalmente de una muerte segura ya que al final de la guerra fue detenido en Alicante para ser fusilado en la cárcel de Zaragoza en 1943.

Tras su huida, las represalias, dirigidas principalmente por tres falangistas locales conocidos por el Estanquero, el Calamocha y Herrero, cayeron inmediatamente sobre su familia. El 6 de agosto de 1936, María Pérez Macías, esposa de Ángel, fue detenida, fusilada y arrojada al pozo de Caudé. Un mes después, unos guardias civiles detuvieron a Pilar, de 17 años. Sin sus padres y sin su hermana mayor, los pequeños Volnei y Jaurés pasaron a vivir en casa de una tía. Lo sucedido con Pilar se sabe porque uno de los guardias que la mató lo contó a un amigo de la familia. Dicen que lo narró con tristeza.

El guardia explicó que el 7 de septiembre le dieron la orden de fusilar a dos jovencitas, una de las cuales era Pilar. Un compañero y él las llevaron durante la madrugada del día 8 en camión hasta las inmediaciones del pozo. Pararon el vehículo al borde de la carretera y al apearse les señalaron la ruinosa venta, a la que se accedía por un camino terroso de un centenar de metros. "Id hacia allí que os esperan para fregar unas perolas", les dijeron. Las chicas, quizá confiadas, caminaron hacia la venta y a mitad del trayecto los guardias dispararon contra su espalda. Luego arrojaron sus cadáveres al pozo. "Eran tan jóvenes. Nos daba pena fusilarlas. No quisimos que pasaran por el paredón y se nos ocurrió engañarlas", adujo aquel hombre para explicar este tristísimo episodio de las perolas imaginarias.

Un ramo de flores

"A lo mejor mi hermana no sufrió", comentó de improviso Volnei cuando, sesenta y seis años después, caminaba en silencio por donde cayó muerta Pilar.
Desde el final de la guerra hasta la instauración de la democracia nadie aventuraba acercarse al pozo abiertamente, lo que no impidió que siempre hubiera algún ramo de flores depositado a escondidas por los que no querían olvidar. Pero durante ese tiempo, hubo otro acontecimiento que las gentes del lugar observaron desde lejos. "Fue poco antes de inaugurase el Valle de los Caídos, quizá en 1958", recuerda Jaurés. "Vino un camión oficial, removieron la tierra, sacaron unos huesos y se los llevaron al Valle por aquello de que hubieran restos de toda España." Esa es la única vez, que se sepa, que se ha excavado el pozo.

Más y más ramos de flores

Tras la victoria electoral socialista de 1982, las flores comenzaron a depositarse sin tanto temor. Uno de los días que los hermanos Sánchez habían acudido dejar su ramo, un "labrador, ya mayor, pequeño y que caminaba con un bastón" se acercó hasta ellos. Tras preguntarles si tenía familia en el pozo, les dijo que antes de morir quería contarles lo que había vivido. Entonces les relató cómo desde Concud oía por la noche los camiones y apuntaba en una libreta los tiros de gracia con los que remataban a los fusilados. También les dijo que cada mañana la gente del pueblo confirmaba lo sucedido.

La libreta del labrador

La peculiar forma de evaluar muertes del labrador dio como resultado una cifra -"alguno más de mil"- que vino a confirmar otro recuento más científico pero no menos dramático, realizado por el primo de Ángel, José Sánchez, cuando estaba preso en Zaragoza durante los primeros años de la posguerra. José habló con los compañeros de reclusión procedentes de Teruel y entre todos llegaron a la conclusión de que en Caudé había 1.005 cuerpos. Si hay más o menos nadie lo sabe, aunque los testigos aseguran que el pozo se llenó totalmente de cadáveres hasta el extremo de que abrieron zanjas en sus proximidades donde enterraron a más víctimas.

Hoy, en el brocal, alguien ha escrito con pintura roja "pozo artesiano de 84 metros de profundidad lleno de fusilados en 1936. Un recuerdo de vuestros compañeros". La inscripción forma parte del austero y modesto monumento en su memoria levantado en 1980 con la buena voluntad de quienes no han querido olvidarlos. Un monumento que costó 119.636 pesetas y al que nueve familias han añadido, en forma de lápida, su homenaje personal. Este fenómeno, que representa la recuperación de la memoria de los muertos por la República, se extiende espontáneamente por España, pero a ritmo desigual. Así, mientras en Teruel podría decirse que comienza, en León o Burgos las exhumaciones son un hecho que ya recibido un apelativo que lo define: "La arqueología de la reconciliación".

Fuente:La Vanguardia Digital (20/10/2002)

 

¿Teruel existe? Más de mil turolenses sin identificar permanecen enterrados en cal en los pozos de Caudé
 "Cuando fusilaron a mi padre, mi madre ató a mis hermanos pequeños a los arreos de la yegua y la soltó".
Lola Ester

 Guadalupe tenía 17 años, unos ojos preciosos y mucha gracia cuando paseaba por el escenario del teatro de la Sociedad Obrera y Agrícola de Cella la bandera republicana. Representaba con un nutrido grupo de jóvenes actores la sublevación de Galán y García y cantaban:

"Cuando se formó la España, según los escritos mandan, que todos somos hermanos y nuestra madre la patria. Si es nuestra madre la patria ¡qué mal se hizo la parte! que vosotros estáis hartos y nosotros muertos de hambre."

Era un éxito artístico y político pero la escabechina que siguió al 18 de julio de 1936 en Cella frustró la trayectoria del cuadro de actores. A Guadalupe la detuvieron una mañana de ese verano, y su madre corrió tras ella: "Voy donde vaya mi hija", gritó a los falangistas que se la llevaban. Fue y las fusilaron a las dos.

Guadalupe Sánchez y su madre, Tomasa Lorente, son dos de los 1.005 cuerpos que hay enterrados en los pozos de Caudé, una inmensa fosa común situada a pocos kilómetros de Teruel, en la carretera de Zaragoza. La cal con la que cubrían los cuerpos de los hombres y mujeres fusilados, amanecer tras amanecer, no deja crecer las acacias que Francisco Sánchez, presidente de la recién constituida Fundación Pozos de Caudé, se empeña en plantar. Cuando murió Franco partidos de izquierda y sindicatos levantaron un monolito para dignificar la fosa común. Ahora, PSOE, Izquierda Unida, Partido Comunista, UGT, CCOO y CNT, han constituido una fundación para recuperar la memoria de los muertos; su identidad, si es posible, y recordarles con el respeto que merecen.

...y llegaron los falangistas

El abuelo de Francisco Sánchez, Francisco Sánchez Ortiz, dirigente de la Sociedad Obrera y Agrícola de Cella y militante de la UGT, está con Guadalupe y Tomasa en el fondo del pozo. Lo detuvieron el 26 de agosto del 36 y lo fusilaron horas después.

"Eran las seis de la tarde, yo estaba jugando en la calle con mis amigos cuando llegaron unos falangistas y detuvieron a mi padre. Dijeron que se lo llevaban al cuartelillo para declarar y una prima de mi madre, que era de derechas, dio la cara por él y se fue con mi madre a Teruel para buscar influencias, pero no tuvo nada que influir. Le dijeron que lo habían fusilado por la noche".

Paco Sánchez tenía 13 años ese agosto del 36. Hoy, a sus 79 años, recuerda con absoluta nitidez ese día, los siguientes y los siguientes de los siguientes. No da ni un respiro al olvido. "Supimos que mi padre consiguió romper la cuerda de máquina con la que le habían atado las manos e intentó escapar, pero le aconsejaron que no lo hiciera: irán a por tu mujer y la matarán", le dijeron. Habría dado igual. A su mujer, Librada Ortiz Hernández, fueron a buscarla unos días después. Se escondió en un pajar y sus parientes más directos dijeron que había ido a Fuentes Claras a pedir ayuda a unos familiares. Por la noche preparó una yegua, ató a sus dos hijos más pequeños a los aparejos del animal y la soltó. Librada sabía que la yegua iría sola hasta el monte Carrascal y allí se encaminó con sus tres hijos mayores sorteando pajares y burlando a los falangistas que montaban guardia. "Cuando llegó la yegua con los niños pequeños fuimos a la masada de Torán, camino de Bezas que era zona roja, pero al llegar allí nos asustamos, porque había brasas. Aparecieron dos hombres y le gritaron a mi madre ¿adónde vas? Y mi madre, que tenía un par de pelotas --dígalo así, pide Paco--, les respondió: con los rojos. ¡Pues aquí nos tienes! gritó uno de ellos abrazándose a mi madre. Se quitaron la gorra y vimos que eran mujeres. ¿Dónde se había visto mujeres con pantalones?" pregunta Paco. Las milicianas nos llevaron a Bezas en un camión del batallón de Azaña y cinco días después mi abuelo materno y dos primos vinieron a buscarnos."

Detrás de los 86 fusilamientos que hubo en Cella en el verano del 36 está el espíritu de la Sociedad Obrera Agrícola, un proyecto cooperativo que ya estaba muy extendido en el Teruel republicano en contraposición con la estructura caciquil. Muchos de estos socios también están en el pozo de Caudé con su padre, con Guadalupe y su madre Tomasa...

Para completar la lista de 1.005 fusilados a los que la fundación quiere rendir homenaje sólo hay que dar un rodeo por el entorno de Teruel capital. La consigna de Mola el 19 de julio del 36 --"sembrar el terror eliminando sin escrúpulos a todos los que no piensen como nosotros"-- explica tantas tapias de cementerios laceradas con plomo, tantas cunetas sembradas de cadáveres y ese pozo de 84 metros de profundidad que se quedó pequeño y hubo que cavar varias fosas alrededor.

El teniente de la Guardia Civil

Eloy Villanueva también quiere recuperar la memoria de su padre, Carlos Villanueva, fiscal de Cella en el 36, que también fue fusilado junto al brocal del pozo. "Se llevaron a mi padre y dejaron a mi madre con la luz del sol y cuatro hijos, el mayor de 9 años y la pequeña de seis meses", relata Eloy. "Yo tenía 7 años y tengo grabada a fuego esa noche, con mi madre llorando a gritos ¡lo van a matar, lo van a matar! y yo encogido de miedo, acurrucado como un ovillo". Al padre de Eloy se lo llevaron en el último camión que salió de Cella cargado de presos. "Si hubo un último camión fue porque vino un teniente de la Guardia Civil a poner orden en el pueblo y ya no admitió más denuncias sin fundamento". Y si las hubo, al menos no fueron ejecutadas al libre albedrío de cuatro matones. Fue ese teniente de la Guardia Civil el que acabó con la sangría incontrolada de Cella, pero no pudo hacer nada por Emilia Pardos Casino, la mujer del alcalde, Román Lanzuela: "El pudo escapar antes de que lo detuvieran, pero a ella la cogieron y la fusilaron".

Lo de Caudé fue un auténtico holocausto, cuentan los testigos de aquellos días amanecidos en sangre. Lo contó un pastor de Concud que guardaba el rebaño en una paridera cercana y noche tras noche contaba los tiros de gracia y los anotaba en una libreta, uno a uno hasta 1.005. Contó también que se acostumbró al sonido seco de las balas pero no olvidó nunca los gritos de un herido que pedía una soga desde el fondo del pozo. Un saco de cal viva acabó con los gritos que desvelaban al pastor. Lo contó José, un arrepentido que se había afiliado a la Falange con 17 años y que no pudo soportar aquel horror. "La primera vez que lo llevaron al pozo se cagó en los pantalones", cuenta Paco. "Era un crío y no tenía valor", justifica Eloy.

"No sirve de nada"

Tanto Paco como Eloy hacen esfuerzos para no dar nombres de los asesinos. A veces se les escapa alguno, un nombre de pila seguido del alias: El Cojo Cora, el Estanquero de Teruel, el Falangista de Calamocha... y Francisco Sánchez, hijo de Paco y presidente de la Fundación Pozos de Caudé los frena: "No sirve de nada", les dice. Pero Paco y Eloy han abierto la compuerta de los recuerdos y quieren rendir homenaje a Los Colorados, cinco hermanos de Cella asesinados por el mismo artículo que los demás, por no pensar igual que Mola. Paco Sánchez acaricia las hojas de un cuaderno en las que tiene anotados los nombres de los 86 vecinos de Cella fusilados. Junto al nombre aparece la edad, la profesión y el número de hijos si los tenían. "Tome nota", dice a la periodista: Nicolás, Juan, Fidel, Julián y Joaquina González Casino, conocidos por Los Colorados y fusilados el mismo día. Todos dejaron viudas, viudo e hijos.

También Eloy quiere tener un recuerdo muy especial para su tía Felisa Hernández Rubira: "La llamaron a la plaza. Allí los concentraban a todos y leían sus nombres en voz alta para que subieran al camión. Mi tía Felisa se encontró en la plaza a su madre y a su hermana. Cuando la llamaron para subir al camión el soldado que pasaba lista la reconoció y dijo que había un error. No subas, le dijo, y mi tía echó a correr. Cuando salió de la plaza reparó en su madre y su hermana, pero no tuvo valor de volver a despedirlas".

Fuente: Periódico de Aragón (10/11/2002)

Asociación Pozos de Caudé

 

 

 


 

Los campos de exterminio

Aunque se tenían algunas referencias merced a la publicación de las memorias de algunos antiguos presos políticos del franquismo, ha sido ahora cuando se ha documentado ya con rigor histórico la existencia en la España de la guerra y la posguerra civil de auténticos campos de exterminio.

A diferencia de los campos de concentración, en los que los prisioneros políticos eran utilizados sistemáticamente como “esclavos” y donde en no pocos casos los internados fallecían también a causa de las pésimas condiciones de vida y trabajo a las que se encontraban sometidos, los campos de exterminio franquistas eran, al igual que sus homólogos nazis de tan triste recuerdo, centros destinados fundamental y casi exclusivamente a la pura y simple ejecución de sus internados.

Castuera

Antonio Miguel Bernal señalaba en las jornadas sevillanas que está perfectamente documentada la existencia en la población extremeña de Castuera de un campo de exterminio creado a principios de la guerra civil, inmediatamente después de la toma de Badajoz por las tropas franquistas, a mediados de agosto de 1936, en el que a diario se produjeron fusilamientos y donde existe un gran número de fosas llenas de cadáveres de presos políticos republicanos que allí fueron exterminados.

Alemanes en los campos españoles

El propio profesor Bernal coordina un grupo de trabajo que estudia el papel desarrollado por determinados oficiales y médicos alemanes en algunos campos de concentración de la España franquista, durante la guerra civil y de forma muy en especial entre los años 1937 y 1938, ya que existen evidencias claras de que realizaron experimentos y prácticas de exterminio similares a las que poco después fueron llevadas a cabo de modo sistemático y masivo en los campos de exterminio nazis.

Otro de los historiadores asistentes a las mencionadas jornadas celebradas en Sevilla, el catalán Borja de Riquer, señalaba que en la España franquista se superaron los 140.000 fusilamientos, casi triplicando los 50.000 que se produjeron en las zonas de España controladas por la República. Más aun, el mismo historiador hacía notar que en el caso concreto de Andalucía esta relación se más que cuadruplicó, con 40.000 fusilamientos franquistas por 9.000 a cargo de los republicanos.

30.000 fusilamientos "controlados"

De Riquer hizo notar que una vez terminada ya la guerra civil, entre 1939 y 1947,  el franquismo ejecutó diariamente a una media de diez personas, con diez fusilamientos diarios, lo que representa cerca de 30.000 fusilamientos durante los ocho años después del fin de la guerra civil, a los que habría que añadir todavía los que se produjeron con posterioridad y hasta el mismo final de la dictadura.

Borja de Riquer destacó asimismo que la juventud republicana fue la principal víctima de la criminal represión franquista desatada al término de la guerra civil. En base a un estudio realizado sobre las quintas de la barcelonesa ciudad de Badalona entre los años 1936 y 1940, De Riquer subrayó que de los 2.256 jóvenes de entre 19 y 25 años de edad existentes en el censo de dicha ciudad en 1936, en 1940, 295 habían muerto, 234 habían sido considerados prófugos y 204 estaban encarcelados, con lo que un tercio de los jóvenes badaloneses, al finalizar la guerra civil, habían fallecido, estaban exiliados o habían sido encarcelados.

 

Los esclavos de Franco: 780 millones de euros de beneficios

El ya mencionado libro de Isaías Lafuente no es propiamente el primero en denunciar esta infamia criminal perpetrada por el franquismo, puesto que ya en 1969 Aroca Sardagna se refería a ello en su libro Los republicanos que no se exiliaron, y en 2000 Rafael Torres publicó otro importante volumen sobre esta cuestión, Los esclavos de Franco, el primero en documentar ya el trabajo forzado de gran número de prisioneros políticos del franquismo.

No obstante, Lafuente ha profundizado mucho más y da en su libro todo tipo de datos y documentación, llegando incluso a las cuantificación económica precisa de los beneficios obtenidos por el franquismo a costa de la práctica esclavitud de sus prisioneros políticos: más de 130.000 millones de pesetas, unos 780 millones de euros. Ello se deduce del estudio de las muy detalladas memorias anuales remitidas a Franco por el Patronato para la Redención de Penas entre 1939 y 1970, conservadas aún en los archivos de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Sólo entre los años 1939 y 1945, Franco dispuso mensualmente de una media de unos 10.000 presos políticos republicanos convertidos por él en sus esclavos, siendo en total durante aquellos años unos 110.000 los presos políticos laboralmente explotados en colonias, talleres, destacamentos penales y empresas privadas.

Carrero Blanco recibía el 75% del salario de los “esclavos”

El profesor Francisco Moreno Gómez ha cifrado el jornal medio de un preso político esclavizado por el franquismo en 4,75 pesetas, en el caso de ser un hombre con esposa y un hijo a su cargo y que estuviese al servicio de algún organismo público del Estado, y de 14 pesetas si trabajaba al servicio de una empresa privada, de las que sólo 50 céntimos iban a parar al propio preso, 3 pesetas eran destinadas a su familia, 1,40 eran retenidas en teoría para su alimentación y las 9,10 pesetas restantes iban a parar a Hacienda, aunque se ignora bajo qué concepto se les sometía oficialmente a tan cuantiosa exacción fiscal.
Este dinero era periódicamente ingresado por el Patronato para la Redención de Penas en una cuenta cifrada del Banco de España, a nombre del entonces subsecretario de Presidencia del Gobierno, Luis Carrero Blanco, conforme ha podido documentar y probar recientemente el ya citado profesor Antonio Miguel Bernal.

Catedrático de Historia del Pensamiento de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, Antonio Miguel Bernal ha coordinado recientemente el interesante  ciclo de conferencias que se ha celebrado en dicho centro universitario bajo el título Los presos del Canal. 1940-1962. Estas jornadas han sido organizadas por la universidad hispalense en colaboración con la fundación El Monte y el sindicato CGT, y se han dedicado al estudio de la utilización sistemática de prisioneros políticos andaluces como trabajadores forzados en las obras de construcción del canal Bajo del Guadalquivir, entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, de 150 kilómetros de longitud, 90 de los cuales fueron íntegramente realizados por unos 10.000 prisioneros políticos del franquismo, desde muy poco después del final de la guerra civil, y hasta más de dos décadas después, hasta el año 1962.

Tras el fuerte impacto causado por la reciente publicación del libro de Isaías Lafuente, estas jornadas sevillanas han contribuido a dar a conocer muchos otros aspectos sobre la feroz e implacable represión que el franquismo ejerció contra sus opositores, especialmente en la más inmediata posguerra, pero en realidad hasta más allá incluso de la muerte del propio dictador. El próximo mes de octubre, un importante congreso organizado conjuntamente en Barcelona por el Museu d’Història de Catalunya y el Grup de Recerca de l’Època Franquista del Departament d’Història Moderna i Contemporània de la Universitat Autònoma de Barcelona, seguirá profundizando en estos temas, muy poco estudiados hasta ahora por los historiadores y, por tanto, todavía absolutamente desconocidos por la opinión pública.

 

Los Campos de concentración

Así, de forma masiva, sistemática y organizada, la dictadura franquista utilizó, entre 1937 y 1970, a centenares de miles de prisioneros políticos como fuerza laboral barata, absolutamente dócil y completamente segura, casi siempre recluida en alguno de los numerosos campos de concentración creados al efecto por toda España –en el libro de Javier Rodrigo Sánchez La represión bajo el franquismo figuran documentados 72 campos de concentración, casi la mitad de ellos funcionando ya desde la misma guerra civil, con  un total de aproximadamente unos 180.000 internados debidamente contabilizados–, con lo que además de conseguir pingües beneficios económicos consiguió descongestionar las numerosas cárceles existentes en todo el territorio nacional, todas ellas abarrotadas durante los años de la más inmediata posguerra a causa de las sucesivas oleadas de detenciones masivas que se produjeron en España entera al término de la guerra civil.

El Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas, eufemismo con el que se intentaba ocultar el nombre de los campos de concentración, fue en realidad el encargado de centralizar el uso y abuso que el franquismo hizo de sus prisioneros políticos como trabajadores forzados o esclavos, dando origen incluso, con la creación de sus campos de concentración y la instalación en las cercanías de las familias de algunos de los prisioneros en ellos internados, a la creación espontánea de nuevos núcleos de población surgidos entonces, como El Palmar de Troya, Dos Hermanas, Los Palacios o los barrios sevillanos de Torreblanca y Bellavista, aún en la actualidad formado en su gran mayoría por familiares de antiguos presos políticos esclavizados por el franquismo.

Empleados fundamentalmente en obras públicas de todo tipo –por ejemplo, en la construcción de carreteras, puentes, túneles, vías férreas, canales y marismas–, centenares de miles de prisioneros políticos del franquismo se vieron obligados al trabajo forzado, a modo de nuevos esclavos, tanto en obras tan impresionantes como las de la construcción del Valle de los Caídos –donde trabajaron hasta 1950 un total de cerca de 20.000 presos políticos, hasta la definitiva culminación de las obras de construcción tanto de los accesos por carretera como del monasterio y la cripta de aquella obra faraónica– o del pazo de Aday, como en muchas otras obras al servicio de la Iglesia católica –entre otras, los 15.000 crucifijos para escuelas y otros centros oficiales, que fueron  facturados inmediatamente después de la guerra civil desde los Talleres Penitenciarios, cuya sede central era la cárcel de Alcalá de Henares– y, cada vez en mayor medida, al servicio de gran número de empresas privadas, casitodas ellas adjudicatarias y concesionarias del propio Estado.

Según recoge Isaías Lafuente en su documentado libro, fueron prisioneros políticos quienes construyeron obras hidráulicas como los embalses del Ebro, Benagéver, Entrepeñas, Pálmaces, Mediano, Riosequillo, Revenga, Barasona, Mansilla de la Sierra, González Lacasa, El Cenajo, Torre del Águila, Barrios de Luna, Yesa, San Esteban y Linares, la Real Acequia del Jarama, canales como el Bajo del Guadalquivir, Bajo del Alberche, Montijo, Jarama, Bárdenas, Monegros, Toro-Zamora, Bierzo, Badarán y Linares del Arroyo, amén de saltos como los del Nansa y el Sil. Fueron, igualmente, prisioneros políticos del franquismo quienes reconstruyeron pueblos y ciudades como Belchite, Brunete, Oviedo, Teruel, Toledo, Huesca, Lleida, Gernika, Amorebieta, Éibar, Potes, Quinto de Ebro, Mediana de Aragón, Puebla de Albortón, Boadilla del Monte, Villamanín, Vilanova de la Barca, Sabiñánigo o Figueres, entre muchas otras poblaciones.

Trabajaron también en las minas de mercurio de Almadén, en los pozos Maria Luisa, Fondón y San Mamés de Duro Felguera, en las minas de antracita de Fabero y en muchas otras empresas mineras, en Asturias, Leñón, Pontevedra, Lleida, Ourense, Teruel, Albacete, Murcia y Cartagena, por ejemplo, y lo hicieron asimismo en gran cantidad de obras públicas, como en la construcción del ferrocarril Madrid-Burgos, Zamora-A Coruña, Tudela de Veguin a Lugo de Llanera, Pedernales-Bermeo o la inconclusa Santander-Mediterráneo, así como en la primera estación ferroviaria de Chamartín, en Madrid, y en carreteras como las de Canfranc, de la carretera de A Coruña a El Escorial, variantes de carreteras como las de Madrid-Valencia Puerto Contreras,  Honrubia, Oropesa, los puertos del Escudo y del Arzobispo, el túnel de Vielha...

Además de la construcción tanto de los accesos como del monasterio y la cripta del Valle de los Caídos, fueron también prisioneros políticos del franquismo quienes construyeron desde aeropuertos como los de Sondica o Labacolla hasta estadios municipales como los de Valladolid y Palencia, pasando por cárceles como la de Carabanchel.

Empresas privadas beneficiadas

Entre las empresas privadas españolas que más frecuentemente tuvieron a su servicio como trabajadores forzados a prisioneros políticos del franquismo figuraron en lugar muy destacado y constante Dragados y Construcciones, Banús, A. Marroquín, San Román, Hermanos Nicolás Gómez y Construcciones ABC.

Algunas de estas empresas privadas se lucraron con el trabajo forzado y apenas pagado de gran número de prisioneros políticos del franquismo por espacio de más de dos décadas, como lo hizo en concreto la empresa Dragados y Construcciones fundamentalmente en la construcción de gran número de pantanos, mientras que en el caso de Banús lo hicieron todavía hasta el año 1969 en todo tipo de obras y construcciones.

Otras empresas que tuvieron a presos políticos trabajando a su servicio fueron, por ejemplo, Babcock-Wilcox, Carbones Asturianos, Constructora Naval, Industrias Egaña, Talleres La Trefilera, Plasencia de las Armas, Esperanza y Compañía SA, Talleres Murga, Cementos Portland-Iberia, Cementos Asland, Metro de Madrid, Riegos Asfálticos, Sacristán, Portolés y Compañía, Sicot, José M. Padró, Carbonífera Palomar, Montes de Galicia, A.Villalón, E.Osis, Elizarrán, Hidro Nitro Española, Minas del Bierzo, Experiencias Industriales, Gutiérrez Oliva, A.Carretero, Sanz Bueno, Salvador Cuota, Maquinista y Fundición del Ebro, Regino Criado, Ferrocarriles y Minas, Antracitas Gaiztarro, Múgica-Arellano y Cía, Minero Siderúrgica de Orallo, ECIA, Vías y Riegos, Duro-Felguera, C.Peña, Julián A. Expósito, Cimentaciones y Obras, E.Medrano, C.Mardellano, D.L.Pastora, M.Llagostera, I.Arribalaga, J.Dobarco, Sociedad Marcor, Ramón Echave, SAFA, Burés, Industrias Artísticas Agrupadas ...

La Iglesia católica española, convertida prácticamente desde el mismo inicio de la guerra civil en uno de los más importantes e influyentes apoyos de Franco tras haber declarado formal y oficialmente que la insurrección militar era una “Cruzada”, se benefició asimismo del trabajo esclavo de gran número de prisioneros políticos del franquismo.

Entre otras construcciones para la Iglesia católica en las que fueron obligados a trabajar como esclavos numerosos presos políticos de distintas regiones españoles, figuran las de la reconstrucción de la catedral y el seminario de Vic, el colegio de los escolapios de San Antón en Madrid, el seminario orensano de Ervedelos, la vallisoletana iglesia del Carmen y los conventos de las madres adoratrices de Cartagena, Valladolid y Alcalá de Henares.

Esclavos del franquismo. Jordi García Soler

 

 

Foro Guerra Civil Española (Foro GCE)


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